Sin embargo, más allá de la tecnología y las inversiones, existe un factor crítico que determinará el éxito de esta transformación: la disponibilidad de profesionales cualificados capaces de diseñar, gestionar y optimizar estas soluciones.
Un pilar de la transición energética
Las energías renovables intermitentes, como la solar fotovoltaica y la eólica, ya representan el grueso de la generación en muchos días del año. Este éxito conlleva un desafío: el desajuste entre la producción y la demanda. El almacenamiento es la herramienta que permite resolverlo, ya sea en sistemas residenciales, en industrias o en grandes proyectos a escala de red.
La meta de 22 GW de capacidad de almacenamiento para 2030, fijada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), refleja la magnitud de este reto. Alcanzar este objetivo exige no sólo la instalación de sistemas de baterías, bombeo hidráulico o almacenamiento térmico, sino también el diseño de marcos regulatorios, la creación de nuevos modelos de negocio y, sobre todo, la formación de especialistas que puedan operar en este nuevo ecosistema.
Una demanda creciente de expertos
Las principales empresas energéticas, operadores de red y compañías industriales coinciden en una misma reflexión: faltan perfiles especializados en almacenamiento energético. Esta escasez se explica al tratarse de un campo relativamente nuevo en comparación con otras áreas de la transición energética, donde aún no existe una masa crítica de expertos con experiencia práctica.
El sector busca profesionales que combinen conocimiento tecnológico (tipologías de baterías, almacenamiento térmico, hidrógeno, aplicaciones digitales, etc.) con visión estratégica y regulatoria. Se requieren perfiles capaces de evaluar proyectos desde su viabilidad técnica y económica, comprender el marco regulatorio europeo y nacional, y anticipar tendencias en mercados energéticos en rápida transformación.
En definitiva, las energéticas demandan expertos con una visión transversal, capaces de conectar innovación, regulación y negocio. Y esa demanda seguirá creciendo en los próximos años, en paralelo al despliegue de nuevos proyectos y a la electrificación de la demanda.
Marco normativo y señales del mercado
El debate regulatorio de los últimos meses ha puesto de manifiesto la urgencia de acelerar el despliegue del almacenamiento. El Real Decreto-ley 7/2025, conocido como el “decreto anti apagones”, introdujo medidas para simplificar autorizaciones, incentivar la hibridación y crear un mecanismo de capacidad específico. Aunque finalmente no prosperó en el Congreso, dejó claro que el legislador percibe el almacenamiento como una prioridad nacional.
Mientras tanto, otros instrumentos ya vigentes (como el Programa de Incentivos del RD 477/2021, las convocatorias del PERTE ERHA o las primeras subastas de almacenamiento independiente) han abierto camino a proyectos en múltiples ámbitos.
Este movimiento regulatorio no sólo impulsa nuevas instalaciones: también genera un entorno de oportunidades profesionales. Cada nuevo marco de incentivos, cada ajuste normativo y cada innovación tecnológica crea necesidades de análisis, diseño y gestión que requieren de expertos preparados.
Diversidad tecnológica y aplicaciones
El campo del almacenamiento es amplio y dinámico. Las baterías de ion litio continúan reduciendo costes y dominan la implantación a corto plazo. Sin embargo, tecnologías como las baterías de flujo redox, el almacenamiento térmico, el aire comprimido o el hidrógeno verde están ganando protagonismo en función de la escala y el tiempo de almacenamiento requerido.
Este abanico de opciones plantea la necesidad de profesionales con capacidad de seleccionar la tecnología adecuada para cada caso: desde autoconsumo residencial, donde prima la eficiencia económica y la autonomía del usuario, hasta plantas industriales, donde el objetivo puede ser suavizar picos de demanda y optimizar costes energéticos. A escala de red, el reto es garantizar la estabilidad del sistema eléctrico y permitir la integración masiva de renovables.
Tendencias globales: digitalización, movilidad y cadena de valor
La evolución del almacenamiento va más allá de la tecnología. La digitalización y la inteligencia artificial están transformando la forma de gestionar los sistemas, permitiendo optimizaciones dinámicas que antes eran impensables.
Por otra parte, la electrificación del transporte y la bidireccionalidad de los cargadores (vehicle-to-grid, V2G) multiplican el potencial del almacenamiento distribuido, donde millones de vehículos eléctricos pueden actuar como recursos energéticos flexibles.
A ello se suma la necesidad estratégica de desarrollar una cadena de valor europea de baterías que reduzca la dependencia de Asia. Iniciativas como la Alianza Europea de Baterías apuntan en esa dirección, pero requieren también capital humano especializado para consolidarse.
Formación para liderar el cambio
En este contexto, la formación es el verdadero acelerador. La Escuela de Organización Industrial (EOI) ha lanzado el Programa Ejecutivo en Tecnologías y Mercados de Almacenamiento Energético, diseñado precisamente para dar respuesta a esta demanda creciente.
El programa ofrece a los participantes una visión integral:
• El análisis técnico de las distintas tecnologías de almacenamiento.
• La comprensión de los marcos regulatorios y su evolución.
• El estudio de los mercados energéticos y los modelos de negocio emergentes.
• El conocimiento de aplicaciones concretas en sectores residencial, industrial y utility-scale.
Se trata de un programa dirigido a profesionales que deseen dar un salto en su carrera y situarse en la primera línea de la transición energética, aportando soluciones reales a las necesidades del sector.
Conclusión: tecnología, regulación… y talento
El almacenamiento energético ya es un pilar de la transición energética en España y en Europa. La tecnología avanza, la regulación evoluciona y los mercados muestran un interés creciente. Pero, sin talento formado y capacitado, el despliegue de esta pieza clave quedará incompleto.
España necesita expertos que puedan liderar este proceso. Y la EOI, en el año de su 70 aniversario, reafirma su compromiso con la formación de los profesionales que harán posible una transición energética eficiente, segura y sostenible.
