Los minerales críticos ya suponen mas del 10% del comercio global, y su demanda podría cuadruplicarse para 2040. Su extracción puede ayudar a una transición energética y el desarrollo de las nuevas tecnologías, pero también puede causar guerras y corrupción.
Así lo ha advertido Rosemary DiCarlo, subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos, en una sesión urgente del Consejo de Seguridad celebrada esta semana y dedicada a un tema que, según ella, "determinará el futuro de cientos de millones de personas": la carrera por los minerales críticos y sus riesgos ocultos.
El comercio de estos minerales —que en 2023 movió 2,5 billones de dólares (el 10% del comercio global)— podría triplicarse para 2030 y cuadruplicarse para 2040, impulsado por la demanda de tecnologías verdes. Pero esta bonanza esconde una paradoja: "Mientras estos recursos pueden sacar a países de la pobreza, su extracción irresponsable está alimentando guerras, abusos contra derechos humanos y destrucción ambiental", alertó DiCarlo.
El ejemplo más crudo está en la República Democrática del Congo (RDC), donde se extrae el 70% del cobalto mundial, clave para baterías de teléfonos y coches eléctricos. Allí, grupos armados como el M23 obtienen más de un millón de dólares al mes mediante minería ilícita, según informes de la ONU.
"El control de las zonas ricas en minerales no solo financia la violencia, sino que debilita la gobernanza y perpetúa ciclos de conflicto", explicó DiCarlo, quien recordó que el Consejo de Seguridad ya ha impuesto sanciones a actores que comercian con estos recursos en la RDC, Libia y Somalia. Pero el problema no es exclusivo de África.
Myanmar, rico en tierras raras (esenciales para imanes de alta tecnología), vive un conflicto donde la minería ilegal alimenta a grupos armados. Ucrania, con reservas clave de titanio y litio, ve cómo la guerra ha paralizado su potencial minero, crucial para la reconstrucción. América Latina, con sus vastos yacimientos de litio en el "triángulo del litio" (Argentina, Bolivia, Chile), enfrenta tensiones por su explotación, donde comunidades indígenas denuncian desplazamientos y contaminación de acuíferos.
Actuaciones urgentes
Ante este escenario, la ONU ha señalado tres prioridades urgentes para evitar que la fiebre por los minerales críticos profundice las desigualdades y los conflictos:
• Extracción con justicia social:
- Fortalecer las instituciones locales para que las comunidades (especialmente indígenas y rurales) participen en las decisiones y reciban beneficios reales.
- Evitar que la minería reproduzca patrones de explotación laboral y daño ambiental, como ha ocurrido en el Congo o la Amazonía.
• Trazabilidad y transparencia:
- Crear sistemas globales para rastrear el origen de los minerales y cortar el flujo de recursos que financian guerras.
- Mayor diálogo entre países productores (como Chile o la RDC) y consumidores (EEUU, UE, China) para equilibrar la cadena de suministro.
• Diplomacia preventiva:
- Incluir la gestión de recursos naturales en los acuerdos de paz. En Colombia o la RDC, se ha visto cómo los conflictos por tierras y minerales pueden reavivarse si no se abordan en las negociaciones
- Usar los paneles de expertos de la ONU para investigar y sancionar el comercio ilícito, como ya se hace con el carbón de Corea del Norte o el oro de Sudán
¿Una oportunidad para la paz?
Pese a los riesgos, DiCarlo subraya que estos minerales también ofrecen una oportunidad histórica: "Si se gestionan bien, pueden ser un motor de desarrollo sostenible, crear empleos dignos y hasta ayudar a construir paz".
Como ejemplo de ello, señala Chile, que ha logrado acuerdos con comunidades indígenas para explotar litio con estándares ambientales y participación local. O Ruanda, que ha reducido el contrabando de minerales mediante certificaciones digitales y cooperación regional.
"No podemos permitir que la transición energética repita los errores de la era del petróleo, donde la riqueza de unos pocos dejó miseria y conflicto a su paso", concluyó DiCarlo. Su mensaje al Consejo de Seguridad es claro: la comunidad internacional debe actuar ya para que los minerales críticos sean una fuerza para el bien, no para la guerra.
La ONU prepara una cumbre global en 2027 para establecer un marco vinculante sobre minería responsable.
