La industria española se enfrenta a una encrucijada energética sin precedentes. A las tensiones geopolíticas, el calentamiento global, la descarbonización o la electrificación de procesos, se han unido en los últimos meses la incertidumbre sobre cómo gestionar el exceso de producción renovable, la volatilidad de precios, el apagón, las presiones regulatorias y sociales, etc. Son aspectos que inciden principalmente en los sectores más dependientes de la electricidad, como la industria, a la que se le presenta un importante reto estratégico en el futuro más inmediato. En este contexto, las empresas han empezado a dejar de percibir el autoconsumo fotovoltaico como una opción complementaria para convertirlo en una pieza fundamental en su estrategia energética y de competitividad.
De crecimiento explosivo a la madurez
Según datos de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) la potencia instalada acumulada en España a finales de 2024 era de 8.585 MW de autoconsumo, de los cuales más del 70% correspondía a instalaciones de carácter industrial. Si bien el sector abandonó la fase de crecimiento explosivo impulsado por los altos precios de la energía, las ayudas públicas y los bajos tipos de interés, ha caminado hacia una fase más madura, de crecimiento estructural. Las razones contempladas por las empresas para continuar impulsando el autoconsumo son diversas. Desde una perspectiva económica, el autoconsumo se ha demostrado como la mejor forma de rebajar la factura eléctrica, incluso en contextos de precios negativos en el mercado mayorista de electricidad. La diferencia entre el coste del kWh en el ‘pool’ y el que afrontan las empresas sigue siendo considerable, y el autoconsumo ofrece una vía directa para mitigar esa brecha. Asimismo, permite a las compañías planificar con mayor certidumbre su estructura de costes energéticos, al ofrecer una provisión estable y predecible que no depende de la volatilidad de los precios del mercado y reduciendo su exposición ante situaciones de crisis (derechos de emisión, gas, conflictos internacionales). Esto, a su vez, facilita una mejor planificación financiera y una toma de decisiones de inversión más eficiente.
Por otra parte, nos encontramos en un momento favorable para la instalación de paneles fotovoltaicos a un coste muy asequible. Aunque las recientes medidas correctoras de China anticipan un repunte, los precios de los módulos y del resto de componentes se sitúan en mínimos históricos, y son muchas las empresas que, ante esta coyuntura tan propicia, han decidido finalmente dar el paso e implementar una estrategia de autoconsumo que durante años habían pospuesto.
Por último, el autoconsumo se ha convertido en un símbolo tangible del compromiso climático empresarial. La descarbonización ya no es sólo una cuestión de reputación, sino de cumplimiento normativo, acceso a financiación y alineamiento con las demandas de clientes, mercados y reguladores.
Retos y medidas para el autoconsumo industrial
A pesar del avance, el sector aún enfrenta obstáculos estructurales que limitan su pleno desarrollo. Los expertos insisten en la persistencia de cuellos de botella administrativos que reclaman una urgente simplificación de los trámites y una homogeneización normativa entre comunidades autónomas. Asimismo, la fiscalidad del autoconsumo sigue siendo una asignatura pendiente. Aunque los incentivos fiscales locales han aumentado, se considera necesario que se extiendan y acompañen con otros incentivos en impuestos estatales, priorizándose el incentivo fiscal frente a las subvenciones directas, ya que el primero aporta estabilidad y visión a largo plazo.
No menos relevante es la sensibilización y concienciación del tejido industrial sobre la necesidad de impulsar las energías renovables. No se trata sólo de “instalar paneles fotovoltaicos”, sino de apostar por soluciones energéticas integrales dimensionadas con rigor, construidas con calidad por profesionales altamente cualificados y preparadas para operar con la máxima eficiencia durante décadas. El inminente decreto del Gobierno que actualizará la normativa vigente desde 2019 impulsará de manera decidida el autoconsumo colectivo eliminando barreras técnicas y administrativas que limitan el desarrollo de proyectos compartidos. Es importante subrayar que el autoconsumo sin excedentes reduce la demanda que llega a la red de distribución en las horas de generación, con beneficios en reducción de pérdidas eléctricas y congestión local. Sin embargo, su capacidad de contribuir a la estabilidad del sistema eléctrico en sentido amplio (control de frecuencia, apoyo a la red de transporte, respuesta ante contingencias) es muy limitada mientras no se inyecte energía ni se cuente con almacenamiento. En este sentido, iniciativas como la agregación de la demanda y el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD) abren la puerta para que muchos autoconsumidores se unan y gestionen su consumo de forma coordinada, contribuyendo así a una red más flexible, eficiente y estable.
El papel estratégico del almacenamiento
El almacenamiento energético emerge como el siguiente paso necesario en la evolución del autoconsumo industrial. Una instalación de almacenamiento en baterías dimensionada de forma adecuada permitirá aprovechar la energía solar cuando sea necesaria y no únicamente cuando brille el sol. Asimismo, es un mecanismo imprescindible para ayudar a estabilizar la red interna, reducir picos de potencia y optimizar la gestión de la energía, generando ahorros adicionales.
En 2024 se instalaron 155 MWh de almacenamiento asociado al autoconsumo en España, de los cuales la industria concentró cerca del 60%. El apagón del 28 de abril pasado ha situado al almacenamiento en el centro del debate político y ha motivado medidas urgentes para impulsar baterías y flexibilidad, si bien la ejecución de los proyectos depende de plazos y programas en tramitación. Sin embargo, la expansión del almacenamiento ha chocado hasta ahora con incertidumbres regulatorias, por lo que es urgente consolidar un marco que reconozca y remunere adecuadamente los servicios que la baterías pueden aportar al sistema eléctrico.
Un futuro que se construye desde la colaboración
Las empresas especializadas en autoconsumo industrial, como ISE Energía, defienden que se trata de algo más que de una tecnología: es una transformación empresarial. En este sentido, se hace imprescindible contar con el acompañamiento de profesionales expertos que ayuden a las compañías en su transición energética con soluciones integrales que combinan generación fotovoltaica, almacenamiento, eficiencia energética y servicios de gestión avanzada. En definitiva, no se trata sólo de instalar paneles, sino de diseñar sistemas robustos, eficientes, y de alta calidad, con garantías reales de rendimiento consiguiendo el menor coste posible por cada kilovatio hora que se consume. Esta transición energética debe ser colaborativa y desarrollarse en espacios como Genera, que permiten el encuentro entre empresas, administraciones y ciudadanía para impulsar una visión común hacia la sostenibilidad y la eficiencia.
