¿Por qué ocurre esto? Porque, entre otros argumentos, el precio del pool es solo una parte del coste total que el consumidor debe asumir. En España, una empresa tipo paga por la energía eléctrica consumida en horas solares (en función de su tarifa y segmento) entre 80 y 180 €/MWh, incluso en tarifas indexadas cuando el pool llega a valores negativos. Esto se debe a que, además del precio de la energía, se añaden conceptos como peajes, cargos, servicios de ajuste, márgenes de la comercializadora e impuestos que no desaparecen. Dicho de otro modo: cuando el mercado está en negativo, la empresa no recibe dinero por consumir, sino que sigue pagando. Los precios bajos del pool, aunque llamativos, no eliminan los costes estructurales que encarecen la factura eléctrica.
Por ejemplo, imaginemos un día en el que el pool marca -15 €/MWh. Una empresa con contrato indexado podría pensar que está obteniendo energía a un coste ínfimo. Sin embargo, la realidad es otra ya que en su factura aparecerían conceptos como peajes y cargos (40 €/MWh), ajustes y servicios (10 €/MWh) e impuestos (21% de IVA + 0,5% de impuesto eléctrico).
Resultado: ese MWh “regalado” termina costando entre 50 y 60 €/MWh. En contraste, el MWh solar autoconsumido tiene un coste estimado entre 20 y 40 €/MWh, sin peajes, cargos ni impuestos añadidos. Esto convierte a la energía fotovoltaica en la opción más económica y competitiva, incluso en escenarios de precios negativos en el mercado mayorista.
La volatilidad: el enemigo de la planificación energética
La volatilidad del mercado eléctrico es otro factor a considerar dentro de este breve análisis sobre la idoneidad económica y estratégica del autoconsumo. En una misma jornada, los precios pueden oscilar entre precios negativos de la energía en las horas de menor demanda y hasta 200 €/MWh en los picos de consumo. Para las empresas, esta incertidumbre es un obstáculo para la planificación y la competitividad. ¿Cómo puede una industria confiar en un mercado donde los precios cambian radicalmente de un momento a otro? La respuesta es clara: no puede. Por este motivo, la estabilidad de costes se ha convertido en un elemento estratégico para cualquier negocio.
El autoconsumo fotovoltaico ofrece precisamente esa estabilidad. Por ejemplo, una instalación de autoconsumo fotovoltaico de 1 MWp en España para una industria, con una inversión inicial de 550.000 €, puede generar en el centro–sur peninsular unos 1.600 MWh al año. Si consideramos una vida útil de la instalación de 20 años (aunque actualmente se prevén vidas útiles superiores a los 30 años) y un coste anual de operación y mantenimiento de 10.000 €, el coste nivelado de la energía autoconsumida (LCOE) o, lo que es lo mismo, el coste medio de producir y consumir electricidad para esta empresa se sitúa en torno a 23 €/MWh, es decir, 2,3 céntimos por kWh. Este coste, calculado con datos conservadores, se mantendrá estable durante dos décadas, independientemente de las fluctuaciones del mercado eléctrico.
Compárese esto con lo que paga una empresa media, 50–60 €/MWh en los mejores escenarios de tarifa indexada y pool barato. La diferencia no es pequeña: es estructural. Mientras que el mercado mayorista ofrece precios variables y condicionados por peajes, cargos e impuestos, la energía fotovoltaica proporciona un precio fijo, limpio y competitivo.
¿Y las baterías? La pieza que completa el puzzle
Además de las ventajas del autoconsumo fotovoltaico, el almacenamiento energético mediante baterías juega un papel fundamental en el modelo energético actual. Hasta hace poco, una de las principales objeciones al autoconsumo fotovoltaico era: “¿Qué pasa cuando no hay sol?”. Aquí es donde las baterías entran en juego como una solución estratégica. Los sistemas de almacenamiento permiten, con un adecuado dimensionamiento, aumentar la independencia de la red eléctrica y aportan beneficios adicionales tanto para las empresas como para el sistema eléctrico en su conjunto.
Entre las principales ventajas de los sistemas de almacenamiento destacan:
1.Optimización económica: Permiten aprovechar las diferencias de precio entre las horas del día, almacenando energía en momentos de menor coste y utilizándola en horas de mayor demanda.
2. Gestión de picos de potencia: Ayudan a cubrir picos puntuales de consumo sin necesidad de recurrir a la red eléctrica.
3. Protección ante apagones: Ofrecen una solución frente a cortes en el suministro eléctrico, garantizando la continuidad de las operaciones.

Gracias a estos beneficios, los sistemas híbridos (fotovoltaica + almacenamiento) y las soluciones independientes para ubicaciones aisladas ya son tecnológicamente viables y están en plena expansión.
Reflexión final: blindar la competitividad energética
El verdadero debate no es si el mercado será más barato mañana sino cómo garantizar la competitividad energética de las empresas a largo plazo. Optar por el autoconsumo fotovoltaico y el almacenamiento no es solo una decisión sostenible; también es una estrategia que reduce costes, minimiza riesgos y refuerza la independencia energética. En un entorno marcado por la volatilidad y la incertidumbre, las soluciones fotovoltaicas de autoconsumo y de almacenamiento para empresas se posicionan como herramientas clave para construir un modelo energético más estable, eficiente y competitivo. (En la imagen, David Fernández, director de ISE Energía).
