Si a todo ello le sumamos el impacto social y económico derivado de la inestabilidad de los precios energéticos y la influencia de las grandes corporaciones, la situación agrava las desigualdades y pone en riesgo el acceso energético de millones de personas.
Ante este desafío, en Aiguasol, cooperativa especializada en servicios de ingeniería, consultoría energética e investigación, llevamos más de 25 años trabajando para acelerar dicha transición desde el conocimiento técnico, la cooperación y la innovación.
Una transición energética real no puede construirse solo desde la tecnología, requiere de una transformación cultural y social que devuelva el control de la energía a las personas. Por eso, uno de nuestros ámbitos prioritarios es el impulso de comunidades energéticas (CE), favoreciendo un futuro energético distribuido, participativo y justo. La energía no debe ser un producto, debe ser un derecho.
Así, las comunidades energéticas se perfilan como la solución colaborativa y democrática para gestionar la energía. Más allá de ser grupos que comparten paneles solares o el autoconsumo, son proyectos desde y para la ciudadanía, donde la sociedad se organiza para decidir cómo se produce, se consume y se gestiona la energía.
El objetivo principal es hacer de la energía un derecho, no una mercancía, con criterios sociales, ambientales y de justicia.
Casos de éxito en Aiguasol
En Aiguasol conceptualizamos, planificamos, asesoramos e impulsamos proyectos de comunidades energéticas que fomentan la autonomía, la cohesión social y la participación activa de la ciudadanía. Lo hacemos mediante herramientas digitales propias –como Join Energy, una aplicación que facilita la gestión de comunidades energéticas de forma intuitiva– y con la participación en proyectos ejemplares que ilustran la evolución de este modelo en distintos contextos.
En primer lugar, hemos contribuido al desarrollo del marco de referencia estatal mediante la elaboración de diversas guías y recomendaciones fundamentales para impulsar las comunidades energéticas locales en España. Entre ellas destacan la ‘Guía para el desarrollo de instrumentos de fomento de comunidades energéticas locales’ del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía–IDAE (2019), ‘Comunidades Energéticas Locales: Guía para la Administración local’, de la Asociación Leader (2020), ‘Energía Comunitaria: El potencial de las comunidades energéticas en el estado español’ de Amigos de la Tierra (2021) o ‘Recomendaciones para poner en marcha una comunidad energética local’, de la Federación Española de Municipios y Provincias–FEMP (2023). Recientemente, también hemos participado en la redacción de la ‘Guía para comunidades bioenergéticas’ junto al Clúster de la Bioenergía de Cataluña (2024).
A partir de esta base conceptual y normativa, hemos acompañado la puesta en marcha de proyectos reales, como la comunidad energética de la Bordeta (Barcelona), una iniciativa a escala de barrio que llegará a suministrar energía renovable de autoconsumo a unas 300 personas. Este proyecto representa un paso intermedio hacia modelos más amplios, y demuestra cómo este nuevo modelo energético puede tener un impacto tangible en entornos urbanos densos.

Instalación fotovoltaica sobre la cubierta del edificio La Borda y, debajo, plano de la Comunidad Energética de la Bordeta (Barcelona)

Finalmente, damos un paso más allá con la comunidad energética Ekogella, en Ispaster (Vizcaya), a la cual hemos acompañado en el marco del proyecto europeo Localres (Horizon2020). En este caso, abordamos la escala de municipio, estudiando su viabilidad técnica y económica para garantizar el éxito del proyecto. La comunidad de Ispaster ejemplifica un modelo integral, en el que toda la localidad se involucra en un sistema energético más verde, resiliente y autosuficiente.
Estas iniciativas no solo transforman la forma en que se produce y consume la energía, sino que también fortalecen el tejido social, democratizan el acceso a recursos energéticos sostenibles y sientan las bases para futuras comunidades energéticas municipales o incluso intermunicipales.
El papel clave de la administración pública
Sin duda, todos estos proyectos requieren del apoyo de la administración para garantizar su impulso y desarrollo. Los ayuntamientos son un agente clave para las comunidades energéticas. En La Bordeta y Ekogella su contribución ha sido imprescindible para viabilizar y garantizar el éxito de estos proyectos. ¿Cómo?
● Apoyando los proyectos en fases iniciales, tanto a nivel económico en los estudios previos como en la facilitación de trámites administrativos y burocráticos.
● Cediendo espacios públicos para instalar paneles solares.
● Ofreciendo asistencia técnica y simplificando trámites.
● Impulsando líneas de ayuda específicas para fortalecer las estructuras de las comunidades energéticas, con especial énfasis en el modelo cooperativo.
Los desafíos aún son numerosos, pero reconocer las oportunidades que ofrecen las comunidades energéticas es fundamental para avanzar hacia un modelo más sostenible, democrático y participativo. Nos encontramos frente a un momento decisivo para cambiar del consumo energético y en Aiguasol queremos seguir siendo un agente activo en esta transición. Seguiremos construyendo alianzas, desarrollando soluciones y acompañando proyectos energéticos que reduzcan el impacto ambiental, fomenten la autosuficiencia y mejoren la vida de las personas.
