bioenergía

España ya tiene Guía del Biogás y el Biometano

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Gobierno de España) y la Asociación Española de Biogás (Aebig) son las dos entidades responsables de la publicación, hoy, de la Guía de Buenas Prácticas para la Implantación de Proyectos de Biogás y Biometano. El objetivo de esta Guía es facilitar la implantación de centrales de bioenergía en el territorio de modo que esa implantación se traduzca en "beneficios tangibles tanto para el medio ambiente como para las comunidades que acogen estas instalaciones". [Foto: IDAE].
 España ya tiene Guía del Biogás y el Biometano

Las plantas de biogás y biometano se postulan como "solución integral que une energía, sostenibilidad y medio ambiente". Mediante la transformación de residuos orgánicos —como restos agrícolas, ganaderos, lodos de depuradoras o residuos municipales— en energía limpia y de proximidad, cualquier planta de este tipo mejora la gestión de residuos y produce un abono natural que favorece prácticas agrícolas más sostenibles, según Aebig. El biogás y el biometano producidos en estas plantas desplazan a continuación a los combustibles fósiles en la generación de electricidad, calor o carburante para vehículos (lo cual se traduce en una menor dependencia exterior) y contribuyen a cumplir los objetivos de reducción de emisiones y de penetración de energías renovables de España para 2030, recogidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023-2030. Además, al aprovechar residuos generados localmente -añaden desde Aebig-, el biogás y el biometano evitan la necesidad de grandes infraestructuras. Y, así, se posicionan como "una oportunidad estratégica para fortalecer el sector agroalimentario, avanzar hacia un modelo más sostenible y dinamizar el medio rural".

Habida cuenta de ese marco conceptual, el enfoque principal del documento es -explican desde la Asociación- potenciar la contribución de estos proyectos a la economía circular, fortalecer su integración social y minimizar impactos adversos.

Para ello, las dos entidades partícipes de esta publicación han evaluado experiencias reales de funcionamiento de plantas en los últimos años, "lo que ha permitido identificar áreas clave de actuación". A partir de ese análisis, la publicación propone siete líneas fundamntales de trabajo.

1. Diálogo, transparencia, comunicación y participación ciudadana: fomentar procesos abiertos que garanticen la implicación de la población local desde las fases iniciales.

«Se ha de informar sobre el proyecto desde el momento cero, cuando se está en las primeras fases de definición para fortalecer la participación ciudadana»

«Ejemplos de buenas prácticas serían impulsar desde el inicio acciones como campañas de difusión, visitas a plantas en operación (...), planificar un calendario de reuniones periódicas con los agentes implicados (incluyendo promotoras, gobiernos locales, autonómicos, agentes sociales, etc.) a lo largo de la vida del proyecto»

«Los esfuerzos deben ir dirigidos a conseguir beneficios para todas las partes con sentimiento de participación ciudadana en el desarrollo del proyecto, para fomentar la
integración y aceptación social, para que se sientan parte de éste y se genere confianza»

2. Compromiso medioambiental y respeto por el entorno: asegurar que los proyectos se alineen con los objetivos de sostenibilidad y preservación del medio natural.

«La planta ha de reducir el riesgo de contaminación de las aguas por nitratos, así como de emisiones de gases de efecto invernadero, en comparación a la situación previa de la zona de influencia de las instalaciones»

«La planta ha de reducir el riesgo de contaminación de las aguas por nitratos, así como de emisiones de gases de efecto invernadero, en comparación a la situación previa de la zona de influencia de las instalaciones»

3. Beneficios para la comunidad: impulsar un retorno positivo para el territorio, a través de empleo, servicios o inversión social.

«No solo los beneficios ambientales de las plantas, como puede ser dar una solución a un problema de residuos o de contaminación, sino también de otros que tienen un impacto directo en la vida cotidiana de la gente, como los derivados de la generación de actividad o de una rebaja en los precios de la energía»

«Se deben estudiar, y adoptar en su caso, acciones de retorno a la comunidad de la actividad de la planta, con el fin de que la comunidad pueda beneficiarse de los productos de la planta. Ejemplos de este tipo de beneficios serían, en función de la tipología de los proyectos, promover el empleo local, construir gasolineras donde repostar con precios más competitivos, etc»

4. Emplazamiento adecuado de las plantas: elegir ubicaciones que equilibren viabilidad técnica, impacto ambiental y aceptación social.

La ubicación y capacidad de las plantas -dice la Guía- debería diseñarse en función de la capacidad local de suministrar sustratos para la producción de biogás. Además, y aparte de lo anterior, se ha de localizar la planta en un espacio

• que cuente con la aprobación de la comunidad;

• que se encuentre a una distancia mínima adecuada de núcleos habitados o de otros negocios;

• que cumpla con todos los requisitos ambientales y sociales;

• que generen el menor impacto por ruidos y en la propia infraestructura viaria; y

• que minimice el riesgo de impacto por olores.

5. Gestión eficiente de los residuos y almacenamiento seguro de materias primas: aplicar procesos que minimicen riesgos y maximicen el aprovechamiento de recursos.

«esto incluiría, entre otros aspectos, el almacenamiento y transporte adecuado al territorio de la materia prima, en instalaciones diseñadas correctamente y en camiones que cuenten con un control sanitario, con protecciones para evitar los olores, emisiones atmosféricas u otros contaminantes de suelos y aguas, que afecten al entorno de la planta»

6. Gestión eficiente del digerido: tratar correctamente los subproductos generados para evitar impactos negativos y potenciar su valorización.

«El área de almacén y gestión del digerido ha de recibir una especial atención, tanto en el diseño del proyecto como en la posterior operación de la planta»

«Debe garantizarse una capacidad de almacenamiento adecuada, asumiendo un conocimiento detallado de las prácticas de fertilización locales e, incluso, su integración en la operación de la planta»

«También, se ha de asegurar que la composición del digerido (...) se adapta a las necesidades de los cultivos»

7. Seguridad y control de riesgos: implementar protocolos robustos que garanticen el funcionamiento seguro de las instalaciones.

«Se ha de definir y clarificar la identificación de riesgos y sus controles y comunicar a la población local las medidas de seguridad»

Protagonistas
Fundada en el año 2009, la Asociación Española de Biogás (Aebig) es una entidad nacida para representar "a toda la cadena de valor del sector, incluyendo promotores/desarrolladores de plantas, ingenierías, tecnólogos, suministradores de equipos, empresas energéticas y centros tecnológicos y académicos, tanto nacionales como de Francia, Italia, Alemania y Austria".

Su objetivo es promover el biogás "como una fuente renovable, respetuosa con el medioambiente, que reduce emisiones, valoriza residuos, recupera nutrientes, genera energía renovable como el biometano, produce bioproductos como biofertilizantes y contribuye a generar desarrollo en el medio rural".

Aebig, que está reconocida por administraciones públicas, universidades y centros de investigación como la entidad más representativa del sector del biogás en España, es miembro fundador de la Asociación Europea de Biogás (European Biogas Association, EBA).

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) es una a Entidad Pública Empresarial (EPE) que depende orgánicamente de la Secretaría de Estado de Energía (el IDAE está adscrito así al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico).

Constituye el marco estratégico de su actividad "contribuir a la consecución de los objetivos que tiene adquiridos nuestro país en materia de mejora de la eficiencia energética, energías renovables y otras tecnologías bajas en carbono".

Según el Ministerio, el IDAE lleva a cabo acciones de difusión y formación, asesoramiento técnico, desarrollo de programas específicos y financiación de proyectos de innovación tecnológica y carácter replicable. En el año 2012, el Real Decreto-ley 20/2012 amplió sus funciones.

Entre las nuevas están el "dar apoyo a las tecnologías orientadas a la descarbonización de la generación eléctrica" y el "prestar asistencia al Ministerio en procedimientos administrativos".

Guía de Buenas Prácticas para la Implantación de Proyectos de Biogás y Biometano

*Sobre el biogás y el biometano

La fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos (la cáscara de un plátano, el filo de una pizza, las mondas de patata), los lodos procedentes de las depuradoras de aguas residuales, los subproductos que genera la industria agroganadera, los purines de cerdo, la cáscara de la almendra (y la de la pipa y la de las naranjas que llenan de zumo los desayunos), el hueso de los melocotones de la mermelada, los residuos de la industria conservera, las podas de parques y jardines, los serrines y cortezas de la industria maderera, el estiércol, la gallinaza. Todo eso es biomasa. Biomasa que, cuando se descompone en ausencia de oxígeno, produce biogás, un combustible renovable (que contiene entre un 55 y un 75% de metano) y que podemos quemar para producir electricidad, calor o movimiento. Si damos un paso más y depuramos ese biogás hasta convertirlo en biometano (combustible renovable en el que el porcentaje de metano ya está por encima del 96) pues entonces ya no solo podemos quemarlo para producir calor o energía eléctrica, sino que, además, podemos inyectarlo en las redes de gas natural (o usarlo como combustible en el motor de un autobús).

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