Otros datos ofrecidos por la empresa son que con esta apuesta se incrementará el consumo de biomasa vegetal hasta alcanzar un 30% del total del combustible utilizado en la planta. Eso en primera instancia, porque a medio plazo las previsiones son llegar al 50%. Gracias a este cambio de combustible, Cemex estima que “inicialmente se rebajarán las emisiones de CO2 a la atmósfera en unas 33.000 toneladas”. Por otro lado, consideran que se “eliminarán los riesgos de incendio que provocaban las miles de toneladas de poda que se queman como rastrojos sin control”.
Hasta el momento, Cemex se ha gastado 1,2 millones de euros en este proceso, que considera bien invertidos porque “se trata de una fuente de energía autóctona, sostenible, prácticamente neutra en cuanto a la producción de gases de efecto invernadero y que permite eliminar un residuo obteniendo un beneficio añadido”. En la inauguración, que tuvo lugar a finales de la pasada semana, estuvieron, además de Francesc Antich, el consejero director general de Cemex España, Joaquín Estrada; el alcalde del Ayuntamiento de Lloseta, Bernat Coll; y el director de la fábrica de Lloseta, Ignacio Miranda.
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