Para solucionar este dislate ambiental y económico, desde hace dos años se lleva a cabo un proceso de peletizado de dicha biomasa residual en las mismas instalaciones, consiguiendo reducir la viruta a un quinto de su volumen original. Una vez densificados y almacenados alimentan una caldera de 1.7 MW ubicada en una sala debajo de los antiguos depósitos de carbón, que funciona junto a otras dos convencionales diseñadas para trabajar con gasóleo y gas natural.
Pellets para calentar y para secar
Según los responsables de la factoría, la inversión que han realizado en la planta de fabricación de pellets dará ganancias dentro de cinco años. La empresa puede ahora quemar toda su viruta en vez de tener que eliminarla en parte por otros medios, con lo que permite ahorrar en el consumo de gasóleo y no forzar el funcionamiento de las calderas.
La biomasa aporta el 25% de las necesidades de calefacción y agua caliente sanitaria de la principal planta de producción de Faber-Castell, además del secado de los lápices tras ser barnizados. A este sistema de abastecimiento energético hay que añadirle una pequeña central hidroeléctrica que produce electricidad gracias a las aguas del cercano río Rednitz.
Por último, y dentro de la política ambiental de la empresa, la madera utilizada por Faber-Castell crece fundamentalmente en bosques propios y ajenos con una explotación sostenible, según recoge la agencia de noticias peruana Órbita.
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