Este cuestionamiento de partida hace pensar a los autores que “la sostenibilidad del sector bioenergético a largo plazo solamente se puede alcanzar con políticas correctas y con planificaciones que tengan en cuenta una gama de tendencias globales entre las que se incluyan el crecimiento de la población, las mejoras de la producción agrícola, el cambio de los patrones alimentarios y el cambio climático”.
Cara y cruz para los biocarburantes
Tras un planteamiento en el que la producción de algunos biocarburantes sale especialmente malparada (etanol de maíz y biodiésel de soja y de aceite de palma), en el informe aparecen una serie de claves tendentes a mejorar el balance energético, ambiental y social de la biomasa, algunas de las cuales ya se exigen en normativas como la directiva europea sobre biocarburantes. Entre ellas están la de prohibir la puesta en cultivo de bosques, praderas, turberas y otros ecosistemas naturales y la contribución eficaz durante el ciclo de vida a limitar emisiones de gases de efecto invernadero y otros impactos ambientales (pérdida de biodiversidad, excesivo consumo de agua, utilización de nutrientes y pesticidas).
En el texto se piden medidas para mejorar la eficiencia en la producción de bioenergía, que van desde la utilización de tierras degradadas, marginales y abandonadas (en algunos casos conlleva incluso el aumento de la biodiversidad) a la potenciación de cultivos como Panicum virgatum (pasto varilla o césped de pradera) o la jatrofa, pasando por el aprovechamiento de residuos orgánicos municipales, agropecuarios y forestales. Sobre esto último, puntualizan que “es necesario investigar más para determinar el balance adecuado de residuos que deberían permanecer en el campo o en el bosque para mantener la fertilidad del suelo y su contenido en carbono y la cantidad que puede retirarse con fines energéticos”.
Mejor producir calor y electricidad in situ
Otras medidas abogan por priorizar el uso de biomasa para generar calor o electricidad in situ frente a su conversión en combustibles líquidos. Y ponen al biogás como ejemplo de “uso estacionario pensado para tener un potencial particularmente bueno como fuente de energía renovable, con un ahorro excelente de gases de efecto invernadero, especialmente cuando en su producción se utilizan residuos”. Para este tipo de instalaciones “estacionarias”, el PNUMA piensa que podría ser de mucha utilidad el empleo de microcréditos.
Más información:
www.unep.fr/scp/rpanel
