De la variedad, disponibilidad y efectiva digestión de esas materias primas dependerá en buena parte el éxito de la producción de biogás agroindustrial en España. Por este motivo, los 28 socios (15 centros de investigación y 13 empresas o instituciones) se han repartido un trabajo del que sobresale, según los primeros resultados, los mapas (comarcales y por provincias) y fichas que determinan qué residuo y en qué cantidad está disponible, por ejemplo, en cada una de las 126 comarcas estudiadas.
“Se ha elegido la comarca como una unidad de tamaño adecuada, al estar delimitadas la mayoría con criterios agrícolas y ganaderos, lo que permite pegar lo máximo posible la producción del residuo a la del biogás”, sostiene David Alfonso. Entre los mapas y fichas que ya se han confeccionado destaca que en algunas comarcas de Andalucía, el 90% de los residuos son alperujo; que en varias de Cataluña, el 30% son residuos ganaderos (purines y estiércol de vaca); o que en otras, donde existe un planta de biodiésel, la glicerina supone el 20% de la materia prima disponible, y en otras con una industria azucarera, el mayor porcentaje es melaza y residuos de remolacha.
La mezcla ideal: purines y lácteos con pescados e intestinos
Pero, como dice Andrés Pascual, jefe del departamento de Calidad y Medio Ambiente del centro tecnológico Ainia (Asociación de Investigación de la Industria Agroalimentaria), “la producción de biogás solo con deyecciones ganaderas es compleja, inviable y difícil”. Una de las metas de Probiogás es dar con las mejores mezclas de co-digestatos y rentabilizar así al máximo la producción.
Belén Fernández, investigadora del área de Digestión Anaerobia del centro tecnológico GIRO (Gestión Integral de Residuos Orgánicos), afirma que se trabaja para mejorar las digestiones con mezclas de residuos ganaderos con subproductos de mataderos, pesqueros, hortofrutícolas, lácteos, cultivos energéticos y residuos de biodiésel”. Además de un manual encaminado a este fin, hay otros diez que aleccionan, entre otras materias, sobre el crecimiento y mantenimiento de bacterias en los digestores y sobre pretratamientos para acelerar la desintegración (trituración, ultrasonidos en purines, tratamientos biológicos, termoquímicos, térmicos, enzimáticos...).
Según Belén Fernández, “es importante detectar de entrada el contenido en humedad y de sólidos de los diferentes residuos; por ejemplo, los purines y desechos de la industria láctea tienen mucha humedad pero pocos sólidos volátiles, lo contrario que los procedentes de actividades pesqueras o de mataderos, como los intestinos, de menor humedad y más sólidos volátiles. La mezcla de ellos en una co-digestión sería idónea”.
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