No obstante, desde el preámbulo se hace una clara apuesta por esta energía: “Existe un consenso internacional cada vez mayor en ver el sector de las energías renovables como un instrumento de recuperación y motor de la reactivación económica. Diversos estudios estiman un aumento de las inversiones (…) con incrementos muy significativos en el sector eólico, el solar, y en el terreno de la biomasa”.
Potenciar y fomentar con producciones sostenibles
Para corroborar esta apuesta, el artículo 10 (Establecimiento de medidas en el Plan de Acción de Energías Renovables) dedica un punto exclusivo al “fomento de la utilización de la energía procedente de la biomasa y la movilización de nueva biomasa, con arreglo a los criterios de sostenibilidad establecidos en esta ley”. En otro punto del mismo artículo se citan también las “medidas para asegurar el cumplimiento de los criterios de sostenibilidad para los biocarburantes y otros biolíquidos”.
En general, el anteproyecto de ley demanda una participación mayor de la biomasa en el desarrollo de “una infraestructura de climatización urbana que permita (…) la producción centralizada de calefacción y refrigeración a partir de grandes instalaciones”. Hay un artículo, el 25, dedicado precisamente al “apoyo de la hibridación de la solar térmica con biomasa”.
Por otro lado, dentro de la adopción de medidas de fomento específicas por sectores, la sección primera está destinada a la producción de gas a partir de fuentes renovables. Aquí se abunda en la necesidad de mantener un sistema de retribución regulada en la producción de gas a partir de fuentes renovables, para su integración en el sistema gasista.
Establecimiento de planes para activar la biomasa
Con todo, el protagonismo absoluto se lo lleva el título cuarto, dedicado íntegramente a la bionergía y, entre otros temas, a definir los criterios de “sostenibilidad mínima en la consecución de los objetivos” en torno a la biomasa, los biocarburantes y otros biolíquidos. Desde el primer punto, en el que se expone que el uso energético de las fuentes citadas debe suponer una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de al menos el 35% ahora y de un 50% en 2017, queda clara la intencionalidad, que culmina con un anexo en el que se especifica el valor por defecto para dicha reducción en el proceso de producción de hasta 35 tipos de biocarburantes.
Aparte de otras consideraciones sobre las tierras (nada de bosques sin intervención humana) y los métodos (nada de transgénicos, monocultivos y agroquímicos si hay alternativa ecológica) este mismo título aboga en otros artículos por la elaboración por parte del Gobierno de un plan de cultivos energéticos destinado a impulsar la producción nacional de materias primas para su transformación, así como otro sobre recogida de residuos agrícolas, agroindustriales y silvícolas y el impulso a la recogida de aceites vegetales usados.
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