Botado en 2017, el ATIR 1.0 ha completado con éxito un amplio programa de pruebas operativas en Escocia que ha culminado con su regreso al puerto de Vigo, una singladura que se ha prolongado diez días con la ayuda del remolcador PROTUG 87 (Promarine) y dos buques de refuerzo de Botamavi. A pesar de la dificultad logística del transporte del prototipo, las condiciones meteorológicas favorables han permitido un fondeo preciso en la ría de Vigo, sin incidencias, una operación que marca un nuevo hito para la compañía.
La plataforma ha demostrado su capacidad para resistir condiciones extremas, llegando incluso a soportar una "tormenta de los 50 años". Y es que en su zona de pruebas en el Centro Europeo de Energías Marinas (EMEC) el prototipo ha resistido corrientes cercanas a 4 m/s (7,8 nudos) durante las mareas vivas, a pesar de lo cual ha alcanzado picos de rendimiento energético que avalan su viabilidad industrial.
Ahora, tras su regreso a España, la estructura será sometida a un análisis final de rendimiento y posteriormente desmantelada, lo que permitirá cerrar un ciclo iniciado en 2009 —año en que se comenzó el diseño y la construcción del prototipo— y extraer información clave para el desarrollo del ATIR 2.0, el futuro dispositivo comercial de Magallanes Renovables.
Innovación con raíces gallegas
Magallanes Renovables es una de las pocas empresas en el mundo que trabaja con energía mareomotriz, una fuente renovable basada en la fuerza de las corrientes marinas. Todo comenzó cuando Alejandro Marqués de Magallanes, fundador de la compañía, vivió en primera persona la fuerza de las mareas durante una inmersión en el Estrecho de Gibraltar. La experiencia sembró una pregunta decisiva: ¿cómo aprovechar esa energía para generar electricidad?
Lo que empezó como una curiosidad se convirtió en un proyecto pionero. Magallanes Renovables vio la luz en 2007 con la colaboración de la Escuela de Ingenieros Industriales de Vigo y hoy la empresa gallega está cerca de lanzar una tecnología comercial capaz de suministrar energía limpia de forma predecible, ya que las corrientes mareales se producen cada seis horas, todos los días del año.
En concreto, el ATIR 1.0 —diseñado y construido en Vigo— ha logrado generar hasta 1,5 megavatios (MW), suficiente para abastecer a unos 1.500 hogares. Gracias a dos rotores submarinos, instalados bajo una plataforma flotante, el prototipo aprovecha la fuerza del océano del mismo modo en que las turbinas eólicas utilizan el viento. Una idea simple, pero en plena transición hacia convertirse en industria.
En definitiva, con el regreso del ATIR 1.0 a Vigo, Magallanes Renovables no sólo culmina una fase de ensayo en condiciones reales, sino que abre la puerta a una nueva etapa tecnológica. El ATIR 2.0 será el siguiente capítulo: la versión comercial de un sueño nacido en el mar que podría convertirse en una pieza clave para la transición energética mundial.
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