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Galicia, entre el viento y las olas: el reto de la justicia eólica

Las aguas gallegas, que durante siglos han sostenido a los trabajadores del mar, se preparan para una nueva travesía: la de convertirse en fuente de energía. Es la llamada para embarcarse en la revolución eólica marina, deseosa de zarpar en España, una energía inagotable que aprovecha los vientos que azotan las escarpadas costas del Atlántico para generar electricidad y que emerge como una de las grandes promesas de la transición energética en España. Pero en Galicia, territorio de marineros, pescadores, montes comunales y aldeas, el debate no es solo técnico ni económico: también es social, ecológico y cultural.
 Galicia, entre el viento y las olas: el reto de la justicia eólica

Así se desprende del reciente informe Sociedad, Eólica y Trabajo, elaborado por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) de la Fundación 1º de Mayo con el apoyo de CCOO Galicia, un documento que plantea una cuestión central: ¿cómo desarrollar la energía eólica —en tierra y en el mar— de manera socialmente justa? Su respuesta pasa por una palabra tantas veces ignorada en los grandes proyectos energéticos: diálogo.

Del campo al mar: una historia de fricciones
Galicia es una potencia eólica. Con casi 4.000 megavatios instalados, la comunidad produce más electricidad de la que consume y ha forjado un tejido industrial sólido en torno a esta tecnología renovable. Pero también ha acumulado tensiones. Los parques terrestres, concentrados en zonas rurales con poca población, han provocado conflictos con comunidades vecinales, ecologistas y ayuntamientos, que denuncian desigualdades y escasa participación en las decisiones.

El resultado ha sido un bloqueo judicial y social: más de un centenar de recursos han frenado proyectos eólicos en los últimos años, en parte por falta de consenso y por la percepción de que los beneficios se reparten lejos de los territorios afectados. De ese aprendizaje parte ahora la discusión sobre la eólica marina, con la intención de no repetir los errores del pasado.

El viento del futuro sopla en el Atlántico
España se ha marcado como meta instalar 3.000 megavatios de energía eólica marina para 2030. En Galicia, la expectativa es enorme: más de veinte proyectos han sido ya presentados al Ministerio para la Transición Ecológica, que regula este tipo de instalaciones por estar situadas en aguas de competencia estatal.

El potencial es innegable. La costa gallega cuenta con 2.700 kilómetros cuadrados de zonas de alto potencial para energías renovables, según los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM). Estas áreas, situadas entre 21 y 31 kilómetros mar adentro, son candidatas a acoger los primeros parques eólicos marinos del país.

El proceso, sin embargo, no será inmediato. El nuevo Real Decreto 962/2024 establece que la instalación de estos parques se decidirá mediante concursos públicos o subastas. No solo se valorará el precio de la energía ofertada, sino también el impacto ambiental y los beneficios sociales que generen los proyectos. En teoría, un intento por equilibrar intereses económicos con la protección del entorno y de los sectores tradicionales, como la pesca.

Pesca y viento: dos mundos obligadas a entenderse
Pocas comunidades viven tan unidas al mar como Galicia. Por eso, el anuncio de las futuras plataformas eólicas ha despertado inquietud en el sector pesquero, que teme perder zonas de calado o ver alterados los ecosistemas marinos. Las cofradías de pescadores reclaman participar desde el principio en la planificación de los parques y no ser informadas cuando todo esté decidido.

El informe de CCOO propone precisamente reforzar esos mecanismos de participación. Sugiere que la Xunta actúe como mediadora activa entre empresas, pescadores, universidades y organizaciones ecologistas. También plantea que el Observatorio de la Energía Eólica Marina de Galicia amplíe su base social y se convierta en un espacio real de encuentro y transparencia.

"Sin participación no habrá aceptación", resume el documento. En otras palabras: si la eólica marina se percibe como una imposición, el conflicto está garantizado; si se construye sobre acuerdos, puede convertirse en una oportunidad para el litoral gallego.

Un mar de leyes y oportunidades
El desarrollo de la eólica marina implica un complejo entramado legal y administrativo. Los proyectos deberán pasar por subastas estatales y superar estrictas evaluaciones de impacto ambiental. Pero los autores del informe alertan: los criterios socioambientales —hoy limitados al 30% de la puntuación en las subastas— deberían tener un peso igual o mayor que los económicos. Solo así se asegurará que las empresas prioricen la sostenibilidad sobre el beneficio rápido.

También se aboga por apoyar la industria local: astilleros, talleres mecánicos y fábricas de componentes eólicos que ya existen en Galicia y que podrían reactivar el empleo en zonas costeras. La fabricación y mantenimiento de estructuras marinas requiere mano de obra cualificada, y la comunidad cuenta con tradición naval y centros de formación que podrían nutrir esa demanda.

En este sentido, la eólica marina no solo puede ser una fuente de energía limpia, sino también una palanca industrial. Los sindicatos insisten en que el trabajo generado debe ser "estable, seguro y con condiciones dignas", y que se promueva la formación profesional para adaptar a los trabajadores del mar a los nuevos oficios del viento.

Equilibrar los ecosistemas
Más allá de sus implicaciones laborales, otro de los mayores desafíos para la industria eólica será garantizar que su expansión por tierra y mar no dañe los valiosos ecosistemas gallegos. Y es que tanto los parques flotantes o fijos alteran el paisaje submarino, la migración de aves y los hábitats de especies clave si no se despliegan de forma responsable. Por eso, el informe urge a incrementar la investigación científica pública sobre el impacto de estas instalaciones, especialmente en relación con la pesca y la biodiversidad marina.

Los expertos proponen desarrollar "índices de compatibilidad espacial", herramientas que ayuden a evaluar cómo pueden convivir distintas actividades —pesca, acuicultura, turismo, energía— dentro del mismo espacio marítimo. También plantean abrir el debate sobre zonas de pesca compatibles con los parques y sobre fórmulas de coexistencia o compensación cuando no sea posible compartir el espacio.

Un horizonte de transición justa
El viento del Atlántico sopla con fuerza, pero su energía no bastará si no se recoje de forma justa. El informe de CCOO insiste en que cada parque eólico marino debe crear oportunidades en las comunidades costeras: desde mejoras en infraestructuras energéticas hasta el impulso de comunidades locales que gestionen parte de la energía producida. Incluso propone estudiar la reconversión laboral de marineros hacia trabajos en instalación o mantenimiento de parques marinos, aprovechando su conocimiento del mar y su pericia técnica.

En un contexto global donde la transición energética puede reproducir viejas desigualdades, Galicia tiene la posibilidad de hacer las cosas de otra manera. Si logra conjugar viento y apoyo social, Galicia podría convertirse en un referente europeo de cómo el desarrollo renovable y el bienestar social pueden navegar juntos.

Porque al fin y al cabo, el futuro energético gallego no se decide solo en los despachos o en las subastas, sino también en las rías, en los puertos y en las aldeas donde el viento nunca dejará de soplar.

 

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