Lo que durante siglos fue exclusivamente una caprichosa variable meteorológica, es hoy una de las piezas centrales del sistema energético y económico del país. Y lo lleva siendo desde hace años, porque desde 2021 -según los datos de la AEE-, la eólica lidera el mix eléctrico nacional de forma continuada, por delante de la nuclear y de la solar fotovoltaica, una posición que habla de madurez tecnológica y competitividad en costes. Además, según datos parciales, la eólica continúa siendo dominante en 2025, lo que confirma que en España, el viento ya no es solo una fuente de energía limpia. Es una infraestructura económica, industrial y estratégica cuya velocidad de despliegue marcará buena parte del futuro energético del país.

Advertencias del sector eólico
Pese a que la eólica es una de las condiciones de posibilidad de la transición energética, desde la AEE advierten de un riesgo claro para el sector: el ritmo de nuevas instalaciones no es suficiente para cumplir los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que fija para 2030 un sistema eléctrico con un 81% de generación renovable y cerca de 62 gigavatios eólicos, incluidos los primeros parques marinos, los cuales aún no han salido del puerto. La tecnología y la industria están listas; el desafío ahora es acelerar sin frenar el consenso social ni el equilibrio territorial, defienden desde la asociación.
Juan Virgilio Márquez, director general de la AEE, ha recordado que el sector eólico "está tremendamente gravado". Para ilustrar esta situación, Márquez ha señalado que "de cada 1.000 euros de inversión, 230 se van en pagar impuestos". De hecho, el sector eólico "gasta más en impuestos que en personal", ha subrayado.
Por otro lado, ha puesto de relieve algunos de los desafío más apremiantes del sector, entre los que destaca la "aceleración de la electrificación de la demanda" y el mantenimiento de un "mix de generación equilibrado". Para Márquez, la clave pasa por "recuperar el equilibrio" ya que "los precios negativos no deben perpetuarse". Por ello, desde la asociación señalan la importancia de "hacer pedagogía de consumo eléctrico" para acometer el gran cambio
Entre las prioridades del sector eólico español también figura avanzar hacia una tramitación que no sea una jungla burocrática y unos plazos e hitos más asumibles, "los principales escollos". Según Márquez, la "unificación de criterios entre las instituciones y entidades ambientales" es crucial para que Europa alcance la "autonomía estratégica", ya que las renovables "son una herramienta para combatir esa dependencia", ha asegurado.
También está la cuestión de la judicialización de la eólica en Galicia, "una dinámica judicial dramática" para el sector que amenaza inversiones, desarrollo eólico y miles de empleos. Esto ahuyenta a la industria consumidora de la comunidad gallega que genera "una situación grave" ante la que la AEE manifiesta una profunda preocupación.
Volviendo al contenido del jugoso documento presentando hoy, España cerró el año 24 con 31.679 megavatios (MW) de potencia eólica instalada, tras incorporar 1.185 MW nuevos, una cifra que permitió alcanzar una generación total de 59.378 gigavatios hora (GWh). Pero el impacto del sector va mucho más allá de la producción eléctrica.

El peso del sector eólico en la economía
En términos económicos, la contribución total de la eólica al PIB español alcanzó los 3.274 millones de euros, el 0,25% del conjunto de la economía. De ese total, casi 2.000 millones corresponden a aportación directa, mientras que el resto se distribuye entre efectos indirectos en otras actividades industriales y de servicios. El peso del sector ya supera al de ámbitos tradicionales como la pesca y la acuicultura y se aproxima al de industrias históricamente estratégicas.
El empleo es otro de los grandes vectores del sector. En 2024, la eólica dio trabajo a 37.070 personas, entre empleo directo e indirecto, lo que supone un crecimiento interanual del 4,7%. Se trata de empleo cualificado y con una fuerte implantación territorial: seis comunidades autónomas concentran más del 70% del total, con Galicia, País Vasco, Castilla y León, Andalucía, Aragón y Navarra como principales polos.
Esa distribución se apoya en una cadena industrial prácticamente completa. España cuenta con centros industriales eólicos en 16 de las 17 comunidades autónomas, desde fábricas de aerogeneradores y palas hasta instalaciones de mantenimiento y logística. Esta estructura ha convertido al país en el cuarto exportador mundial de aerogeneradores, con ventas al exterior que en 2024 alcanzaron los 1.953 millones de euros.
Además, en 2024, el Sector Eólico realizó un esfuerzo en I+D equivalente al 4,35% de su contribución al Producto Interior Bruto, esto es, 85,4 millones. En términos relativos, es una cifra superior a la de 2023
(un 3,47%) y sería la segunda mejor cifra de la serie histórica, tras el 4,98% alcanzado en 2014.
Vientos de independencia energética
Uno de los efectos más relevantes —y menos visibles— de la energía eólica es su contribución a la reducción de la dependencia energética. Solo en 2024, la generación eólica evitó la importación de 11,3 millones de toneladas equivalentes de petróleo, lo que equivale al gas natural transportado por más de 140 buques metaneros. En paralelo, se evitaron 30,8 millones de toneladas de emisiones de CO2, reduciendo tanto el impacto ambiental como el coste del sistema eléctrico.
La presencia del viento en el mercado mayorista también se traduce en precios más bajos. El denominado efecto reductor de la eólica supuso en 2024 una disminución media de casi 20 euros por megavatio hora, con un ahorro acumulado de miles de millones de euros para consumidores y empresas.
Estudio Macroeconómico del Impacto del Sector Eólico en España
