El acuerdo, rubricado este lunes durante la North Sea Summit 2026, pretende "convertir el Mar del Norte en la planta de energía verde de Europa" y reafirma el objetivo de alcanzar 300 GW de capacidad eólica marina en 2050. La clave ya no es solo el destino, sino el camino, ya que el pacto apunta a un despliegue más equilibrado entre 2031 y 2040, evitando los picos y valles que encarecen las cadenas de suministro, financiación e infraestructuras.
Lo cierto es que el Mar del Norte, de tan solo 90 metros de profundidad media, facilita mucho las cosas a la hora de desplegar este tipo de maquinaria renovable, de cimentación fija, a diferencia de la flotante, que es la opción predilecta en España dada la profundidad de las aguas atlánticas y mediterráneas que bañan nuestro país.
Junto a los gobiernos firmantes, también participaron la industria eólica y los operadores de sistemas de transmisión (TSO), un detalle nada menor, ya que la eólica marina no pasa únicamente poner máquinas en el mar, sino sincronizar permisos, puertos, fabricación, conexión a red y refuerzos eléctricos en tierra. En ese engranaje, la planificación coordinada y el calendario de subastas pueden marcar la diferencia entre abaratar la transición o tropezar con cuellos de botella.
En el plano financiero, los países se han comprometido a trabajar hacia un marco de inversión sólido para renovables marinas, con herramientas como los contratos por diferencia (CfD) bilaterales -también transfronterizos- y los acuerdos de compraventa de energía (PPA). El objetivo declarado es alcanzar una mayor predictibilidad, un menor riesgo y, como consecuencia, menor coste, uno de los factores que más pesa en la factura final de la electricidad renovable de origen marino.
Orsted, uno de los grandes actores del sector, ha celebrado la firma como un "salto gigante" hacia una electricidad renovable, fiable y competitiva. Su consejero delegado, Rasmus Errboe, ha subrayado que Europa es el mercado principal del grupo -donde se ubica aproximadamente el 90% de su capacidad operativa- y ha defendido que, con un marco seguro y un plan coordinado, la industria se compromete a reducir el coste de la electricidad procedente de eólica marina un 30% de aquí a 2040.
Independencia energética
La narrativa del pacto se apoya también en la seguridad energética, ya que el 58% de la energía de la UE es importada, una vulnerabilidad que el bloque intenta recortar desde el shock de precios y suministro vivido en los últimos años. En esa línea, el documento suscrito sostiene que asegurar 300 GW de eólica marina en el Mar del Norte podría ahorrar a Europa unos 70.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles, además de reducir precios eléctricos y recortar un 15% de las emisiones europeas de carbono. El sector recuerda, además, que la eólica marina ya emplea a unas 100.000 personas en el continente, por lo que el despliegue masivo también se presenta como una palanca industrial y laboral.
El pacto llega tras meses de presión del sector para alinear ambición política con condiciones reales de inversión. La iniciativa, según Orsted, refleja recomendaciones previas presentadas en abril de 2025 en la propuesta "A New Offshore Wind Deal for Europe" y recoge ideas de su informe "Offshore wind at a crossroads", que pedía compromisos colectivos entre gobiernos e industria sobre volúmenes, reparto de riesgos y reducción de costes.
Orsted también ha aprovechado para reforzar su perfil europeo, ya que la empresa construyó el primer parque eólico marino del mundo (Vindeby, Dinamarca) en 1991, ha instalado más de 1.600 aerogeenradores en Europa y suma 8,9 GW de capacidad instalada en el continente. Entre sus proyectos en construcción destacan Hornsea 3 en Reino Unido (2.852 MW), Borkum Riffgrund 3 en Alemania (913 MW) y Baltica 2 en Polonia (1.498 MW).
Cierre
Europa quiere que el Mar del Norte deje de ser solo geografía y pase a ser infraestructura estratégica. Pero el éxito del pacto dependerá de licencias más ágiles, redes que lleguen a tiempo, reglas estables y subastas que no conviertan cada proyecto en una apuesta a cara o cruz. Si esa maquinaria se engrana, el continente no solo sumará megas marinos, sino también margen de maniobra, competitividad e independencia energética.
