Este sistema de “velocidad variable” consiste en un convertidor de frecuencia, como si fueran las marchas que tienen las bicicletas, que se coloca entre el generador y el transformador. Esas “marchas” desacoplan la velocidad de rotación de la máquina de la frecuencia de la red, lo que permite optimizar su funcionamiento utilizando el caudal de agua que en ese momento hay disponible.
Este grado de adaptación de las revoluciones de la máquina a la velocidad del agua permite que la turbina opere en todo momento a una condición óptima de su funcionamiento, y que el grupo hidroeléctrico trabaje por debajo del caudal mínimo técnico de diseño. De este modo, se reduce el número de arranques y paradas y aumenta la eficiencia y también la producción.
De momento se ha implementado en tres centrales andaluzas: la hidroeléctrica de Racioneros (Begíjar, Jaén); Nuevo Castillo (Sierra de Güejar, Granada); y Nacimiento (Castril, Granada). La adaptación ha supuesto una inversión de 3,7 millones de euros, de los cuales 1,3 han sido financiados por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) dentro del Plan Europea-Next GenerationEU.
Endesa está estudiando implementar este innovador sistema en otras centrales hidroeléctricas de España.
