Los datos para esta semana indican que los embalses españoles acumulan 43.341 hectómetros cúbicos de agua, el 77,34% de su capacidad total, 5.634 hm³ más que la semana anterior. Se trata -advierte Greenpeace- del mayor incremento semanal "desde que existen registros semanales de la reserva hídrica peninsular" (el anterior máximo fue de 4.735 hm³, y data de la primera semana de 1996). Es decir, que estamos hablando de un incremento (el nuevo top) extraordinario, de casi diecinueve puntos sobre ese máximo histórico (+18,9%, concretamente). Greenpeace destaca por una parte el "hito hidrológico sin precedentes" y, por otra, el hecho de que las infraestructuras hidráulicas están operando "bajo una presión climática para la que no fueron diseñadas" y que "se verá agravada los próximos años". Se da la circunstancia además -añaden desde la oenegé ecologista- de que el parque nacional de embalses tiene a día de hoy una muy avanzada edad: "una gran parte de las presas está cruzando ahora mismo el umbral de su vida útil teórica de proyecto: los 50-75 años", alerta Greenpeace.
Así las cosas, el reto actual -consideran los ecologistas- no es levantar nuevos muros, sino realizar una mejora y mantenimiento sobre los existentes.
Lo que plantea Greenpeace
«La vida útil de los embalses españoles se está agotando, no necesariamente por un riesgo de colapso estructural, las presas son sólidas desde el punto de vista de la ingeniería civil, sino por una pérdida drástica de eficiencia operativa. Se están gestionando infraestructuras proyectadas a mediados del siglo XX, bajo las exigencias de una variabilidad climática extrema, incrementada por el cambio climático, propia del siglo XXI.
El grueso de la infraestructura hidráulica se construyó durante la dictadura (1950-1975). Esto significa que una gran parte de las presas está cruzando ahora mismo el umbral de su vida útil teórica de proyecto (los 50-75 años). El hormigón aguanta pero el acero, no tanto. Las compuertas, válvulas y desagües de fondo de presas construidas en los años 50 y 60 están llegando al final de su vida operativa segura»
Greenpeace va más allá y habla de "la muerte silenciosa de los embalses". La recurrencia de borrascas explosivas y episodios de precipitaciones torrenciales -dicen los ecologistas- está sometiendo a los cauces y embalses a un "estrés mecánico y sedimentario que compromete la garantía real de agua".
El mayor desafío geológico al que se enfrenta el país tras el paso de estas borrascas -sostiene Greenpeace- es, así, la colmatación o aterramiento: "cada inundación arrastra consigo toneladas de sedimentos, lodos y detritos procedentes de la cuenca vertiente erosionada donde se sitúa el embalse".
Proceso
Conforme un embalse se colmata, su volumen útil disminuye. Los datos actuales -insisten en la oenegé- indican que se acumulan 43.341 hm³, como se dijo, pero en realidad -matizan desde la oenegé- se está almacenando "menos recurso del que dicen las cotas debido a la acumulación de sedimentos en el fondo".
Así, "el agua que se ve en superficie es engañosa", advierte Greenpeace. Y el problema es que, para evitar la colmatación, habría que invertir "masivamente" en la extracción de lodos y sedimentos, "operación -reconocen en la oenegé- extremadamente compleja y costosa" que puede importar "decenas de millones de euros".
Hay otra "cuestión clave a tener en cuenta", según los ecologistas, y es que las infraestructuras antiguas "carecen de la agilidad necesaria para gestionar las avenidas sólidas (mezcla de agua y sedimentos) que traen las nuevas borrascas", por lo que resulta "vital" la modernización de las compuertas "y los sistemas de evacuación de fondo".
Greenpeace propone ir más allá del propio embalse
«Desde la perspectiva de la geología ambiental, la solución no termina en la presa o embalse; comienza en su entorno. Es urgente invertir y planificar en restauración hidrológico forestal para reducir las escorrentías y evitar que los embalses se conviertan en meros depósitos de lodos y sedimentos. La reforestación estratégica y la estabilización de laderas reducen la velocidad del agua y, lo más importante, retienen el suelo. Un cauce sano y una cuenca forestada actúan como una “esponja” que amortigua el impacto del cambio climático, protegiendo la inversión millonaria que suponen las presas. Proteger y conservar no es suficiente, es necesario restaurar»
En ese marco discursivo, la organización ecologista considera que el Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea, aprobado en 2024, es "una oportunidad clave", en tanto en cuanto va a impulsar el que los Estados miembros pongan en marcha "medidas de restauración para, en conjunto, al menos el 20% de las zonas terrestres y marítimas de la UE de aquí a 2030 y todos los ecosistemas que necesitan restauración de aquí a 2050".
Julio Barea, doctor en Hidrogeología y responsable de aguas de Greenpeace: “el incremento semanal de 5.634 hm³ es un recordatorio de que la violencia de estos fenómenos, cada vez más intensos por el cambio climático, exige una adaptación. Es el momento de la rehabilitación masiva, restauración hidrológico forestal de cauces y cuencas. De lo contrario, la obsolescencia técnica de nuestros embalses nos volverá cada vez más vulnerables ante la próxima gran crisis hídrica”
A nivel estatal -recuerdan en ese sentido desde la organización ecologistas-, ese Reglamento se tiene que traducir en el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza para agosto de 2026 "y, para que sea una realidad, es fundamental que las administraciones cumplan con las fechas e información requerida y asegurar la coordinación entre administraciones". La oenegé insiste en este sentido en que "restaurar es también seguridad para la población".
Según Greenpeace, la “garantía de agua” en España será cada vez más "una ilusión", si no se aborda una inversión ambiciosa en dos frentes: (1) el de la modernización tecnológica de presas, rehabilitación de desagües de fondo y desaterramiento sistemático; y (2) el de la restauración de cauces y recuperación de la cobertura forestal para minimizar la erosión.
* El Cedex (Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas) y la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) han publicado estudios sobre la colmatación (caso del embalse de Barasona o Mequinenza). "En estos informes -explican en Greenpeace-, se evidencia que el coste de extraer el sedimento supera con creces el coste de haberlo prevenido".
La estimación para un embalaje de 10 hm³ = 50-150 millones de € es una extrapolación directa: 10.000.000 m³ x 5 a 15 €/m³. "Este precio -advierte la oenegé- se puede disparar a 20-30 €/m³ cuando se requiere dragado por succión con gánguil (barco) o cuando el lodo necesita tratamiento posterior (deshidratación) antes de llevarlo a vertedero".
