hidráulica

La evaporación se lleva un 10% del agua y 800 millones de euros de los embalses españoles cada año

El incremento de "superficie de agua expuesta" a la evaporación por la construcción de embalses en España en los últimos 60 años ha tenido un impacto 22 veces más grande que el cambio climático en la pérdida por evaporación. El dato lo recoge un estudio que acaba de publicar un equipo de investigadores de la Universitat de les Illes Balears, la Universidad de La Rioja y el Instituto Pirenaico de Ecología en la prestigiosa revista científica Earth’s Future, una de las de más impacto en su ámbito. [Foto: embalse Gorg Blau, en la Sierra Tramuntana, Mallorca. Fuente: Aetib/Goib].
Embalse Gorg Blau, en la Sierra Tramuntana, Mallorca. Foto: Aetib/Goib

Los embalses de agua son esenciales para garantizar el suministro en periodos de sequía, especialmente en España, donde las olas de calor y la falta de precipitaciones son cada vez más frecuentes, pero son rehenes de la evaporación, que puede llegar a producir "pérdidas importantes, que se incrementan con el aumento de la temperatura y los veranos más secos, fenómeno este que amenaza la eficacia de los embalses, especialmente en un contexto de emergencia climática que altera los ciclos del agua". Es la conclusión a la que ha llegado un equipo integrado por investigadores de la Universitat de les Illes Balears, la Universidad de La Rioja y el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), que ha publicado un estudio sobre el particular en la revista científica Earth’s Future, tras haber analizado datos de 362 embalses, que representan el 94% de la capacidad total.

El análisis de los investigadores del grupo consolidado de I+D+i de Recursos Hídricos, Estudios Urbanos y Cambio Global (GloWater & Urban Studies) de la UIB ha determinado que la evaporación ha ido "aumentando constantemente a lo largo de las últimas décadas, a un ritmo de casi 28 millones de metros cúbicos cada año desde 1961 a 2018". Esto ha comportado una pérdida total de 114.000 millones de metros cúbicos de agua, o unos 2.000 millones de metros cúbicos cada año.

A la luz de esa información, los autores del estudio concluyen que cada año se evapora cerca del 10 por ciento del volumen de agua embalsada, o el equivalente al 46 por ciento del agua que se consume en el entorno urbano español. En términos económicos, la pérdida de agua por evaporación a los embalses se estima en unos 800 millones de euros cada año. "A pesar de esta magnitud -denuncian los investigadores-, estas pérdidas no se contabilizan en los ciclos de planificación hidrológica".

Más embalses, más evaporación
La construcción de nuevos embalses durante estas décadas ha permitido incrementar las reservas de agua, pero también ha aumentado de manera notable la superficie de agua expuesta a la evaporación. Según señalan los investigadores, este incremento ha tenido un impacto 22 veces mayor en la pérdida de agua que el incremento de temperaturas asociadas al cambio climático. Los investigadores han elaborado también proyecciones futuras de la evaporación de agua, y el escenario es todavía más preocupante.

Los autores del estudio prevén un aumento del 35% de las pérdidas por evaporación en embalses a finales de siglo, alcanzando cerca de 3.000 hm³ anuales. En ese contexto -advierten-, la fracción evaporada podría llegar al 20% del agua almacenada, más del doble del promedio histórico (1961-2018). Y supondría perder hasta 2 de cada 10 litros almacenados.

La conclusión es muy clara para los investigadores: el modelo tradicional, basado en aumentar la capacidad de almacenamiento para hacer frente a las sequías, resulta sencillamente "ineficiente" en un clima más cálido y seco, donde la demanda evaporativa de la atmósfera crece sin cesar.

Frente a ese escenario, son varias las soluciones que plantean: (1) incorporar la evaporación en el balance oficial de recursos y redefinir la gestión operativa de los embalses; (2) mantener niveles intermedios de llenado; (3) reducir la permanencia de grandes volúmenes durante los meses de máxima evaporación; (4) aplicar tecnologías de supresión (como cubiertas flotantes, láminas monomoleculares o estructuras de sombreado parcial), medidas técnicas todas ellas que consideran perfectamente viables, "especialmente en embalses pequeños"; y (5) introducir “créditos de evaporación” en los sistemas de asignación de agua, "de forma que las pérdidas atmosféricas se contabilicen en el precio del agua y se incentive así su reducción". [Sobre estas líneas, instalación solar fotovoltaica flotante ubicada en la balsa de riego de Abellán, que gestiona la Comunidad de Regantes Sindicato de Riego de Cuevas del Almanzora, en Almería].

Las cuencas mediterráneas, al límite
Los resultados de este estudio adquieren una mayor relevancia después de que recientemente se hicieran públicos los resultados de otro trabajo que ha contado con la participación de investigadores del grupo GloWater & Urban Studies, según el cual las cuencas mediterráneas españolas se encuentran al límite.

Este otro trabajo, publicado en la prestigiosa revista científica Environmental Research Letters, señala que estas cuencas no disponen de suficiente agua dulce para cubrir las necesidades humanas y a la vez mantener una buena salud de los ecosistemas naturales; especialmente en un contexto de cambio climático y de una menor aportación de agua desde las cabeceras de las cuencas.

Los resultados obtenidos -informa la UIB- son fruto del trabajo de una red de investigación financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación. Los investigadores plantean que las políticas centradas a aumentar la oferta construyendo más embalses o fomentando la desalinización y la regeneración del agua son "insuficientes". Por eso, entre otras medidas, proponen contener la demanda en las áreas sometidas a mayor tensión, evitando la implantación de grandes industrias y complejos turísticos.

Lectura recomendada
La pérdida invisible de agua: uno de cada diez litros se evapora en los embalses españoles. Artículo publicado en The Conversation por los autores del estudio.

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Luis
A ver, soy ecologista, incluso radical, pero renunciar a las grandes industrias y al turismo no parece muy buena idea. Seguro que quien hace la propuesta tiene pensado cómo se podrá financiar sin industria ni turismo la sanidad, la educación, las pensiones, la asistencia social y las obras públicas más imprescindibles, pero a mi no se me ocurre. Si nos dedicamos a hacer propuestas irrazonables, les estamos regalando todo el campo de juego y el partido entero a la extrema derecha. Y cuando gobiernen, perderemos el Estado del Bienestar y ya veremos que queda de todo lo que los ecologistas hemos logrado construir en medio siglo.
Miguel
El agua que se evapora después se condensa en forma de lluvia. A mayor evaporación, mayor condensación, es decir, más llueve. Otra cosa es que pueda llover más en otra zona del planeta.
Suso

Cuánta se lleva de los embalses reduidos? Y los que se pierden por ausencia de infraestructura hidrológica?. A ver, sober y soplar no pueden hacerse simultáneamente.

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