jorge gonzález cortés

Teorías de la conspiración

Teorías de la conspiración

Recientemente hablaba con un piloto de líneas aéreas sobre las estelas que dejan los aviones a determinadas altitudes y en función de las condiciones meteorológicas. Se conocen como contrails y son una mezcla de gases que emite la combustión del queroseno y vapor de agua que se condensa en la atmósfera, pero hay quien prefiere llamarlas chemtrails y es que, según algunas teorías, son productos químicos que los aviones esparcen a su paso. 

Los teóricos de las estelas químicas se dividen entre los que piensan que esos vertidos pueden incluir productos para fumigar, controlar las mentes o modificar la atmósfera para demostrar otra teoría conspiratoria, la del cambio climático.

Supongo que no tiene sentido esparcir esas sustancias sobre los océanos sobre los que vuelan los aviones a más de 30.000 pies de altitud, unos diez kilómetros sobre el nivel del mar, pero no importa que algo se pierda porque, con los miles de aviones que surcan los cielos, hay producto suficiente para dominar a los terrícolas. 

En algún sitio debe haber una fábrica de productos químicos en la que se prepara lo que los aviones esparcen. Se transporta de manera secreta hasta los aeropuertos, donde se almacena de forma clandestina hasta que se carga en las aeronaves, que tienen un compartimento secreto para estos productos. Es cierto que añaden peso al despegue y aumentan el coste de los vuelos y las emisiones de gases contaminantes, pero seguro que compensa. 

Por otro lado, es encomiable que toda la cadena de valor que participa de forma secreta, desde los químicos hasta los pilotos, no solo guarden en secreto su trabajo, sino que sacrifican a sus amigos y familiares e incluso a sí mismos, respirando las sustancias que vierten a la atmósfera para que los poderosos en la sombra controlen el mundo. 

Con el cambio climático, pasa algo parecido. Debemos admitir que hay gente interesada en detener el crecimiento económico global con la excusa de cuidar el medioambiente, pero también es cierto que para otros el beneficio económico debe maximizarse externalizando los costes de la contaminación. No estoy siendo sarcástico en este párrafo, es solo una introducción para expresar que en el relato sobre el clima existen intereses políticos y económicos contrapuestos, pero más allá de ellos debe prevalecer el sentido común. 

De la misma manera que a principios del siglo XX, incluso había médicos que recomendaban fumar y las tabaqueras ocultaron deliberadamente la toxicidad del tabaco, sabemos que las empresas más contaminantes se niegan a admitir la responsabilidad del ser humano sobre el cambio climático e incluso niegan la mayor. Pero ¿y si resulta que los modelos científicos erraban y nuestra supervivencia no corre peligro?

Sería una buena noticia, en el fondo, que no tuviésemos que preocuparnos por la cantidad de gases que emitimos a la atmósfera, si no fuese porque, al mezclar conceptos como el de contaminación o clima, muchos encuentran justificación a lo que simplemente es ensuciar el entorno. 

Me cuesta creer que el consenso científico sea falso, que las agencias meteorológicas de tantos países, la NASA, la Agencia Espacial Europea, las aseguradoras que valoran los riesgos climáticos y soportan las indemnizaciones debidas a los desastres ambientales, estén todas conchabadas y coordinadas para servir a los oscuros intereses de un lobby que quiere llevarnos a la época anterior a la revolución industrial. 

Insisto en que están los datos y después el relato, y la cuestión parece más política o religiosa que científica. En un mundo donde todavía hay quien afirma que la Tierra es plana, cualquier idea, por descabellada que parezca, encuentra adeptos que la asumen como un dogma de fe.

El hecho de que la opinión sobre el cambio climático frecuentemente varíe en función de la ideología, nos da idea de que el criterio en el que cada uno se basa no es científico y, en el fondo, probablemente esté relacionado con la forma de cada cual de entender la economía. 

Simplificado y llevado al extremo, podríamos afirmar que defender el planeta es de rojos y negar el cambio climático es de fachas, pero el asunto en realidad es mucho más complejo. Sea o no responsabilidad del ser humano, y votemos a quien votemos, lo vamos a sufrir y, por tanto, combatirlo debe ser una oportunidad para crecer de forma más eficiente. 

Baterías con premio en la gran feria europea del almacenamiento de energía
El jurado de la feria ees (la gran feria europea de las baterías y los sistemas acumuladores de energía) ya ha seleccionado los productos y soluciones innovadoras que aspiran, como finalistas, al gran premio ees 2021. Independientemente de cuál o cuáles sean las candidaturas ganadoras, la sola inclusión en este exquisito grupo VIP constituye todo un éxito para las empresas. A continuación, los diez finalistas 2021 de los ees Award (ees es una de las cuatro ferias que integran el gran evento anual europeo del sector de la energía, The smarter E).