Uno de los grandes retos de la electrificación en España es estructural, ya que según los datos de Aedive más del 70 % de los ciudadanos no dispone de garaje propio ni de plaza de aparcamiento, lo que dificulta la recarga doméstica. Esta limitación deja fuera del cambio a una gran parte de la población.
Frente a esta realidad, la recarga en corriente alterna -también conocida como carga lenta o de baja potencia- se presenta como una alternativa viable y accesible. Ubicada en calles, barrios y aparcamientos públicos, esta modalidad permite que los usuarios carguen sus vehículos mientras realizan actividades cotidianas: trabajar, hacer la compra o practicar deporte. Bajo el lema "coche aparcado, coche cargando", el modelo se integra en la vida urbana sin alterar hábitos.
Más barata, escalable y eficiente
A diferencia de la recarga rápida en corriente continua (DC), la infraestructura en AC requiere menos inversión, tanto en instalación como en mantenimiento. Su coste total puede ser entre cinco y diez veces inferior, lo que la convierte en una opción especialmente atractiva para los ayuntamientos.
Además, presenta ventajas técnicas relevantes: funciona en baja tensión (7-11 kW), reduce los picos de demanda y favorece la estabilidad del sistema eléctrico urbano. A ello se suma la posibilidad de aplicar sistemas de carga inteligente (smart charging), que permiten programar las recargas en horas valle, abaratando el coste para el usuario y optimizando el uso de energías renovables.
Europa marca el camino
La experiencia en otros países de la Unión Europea demuestra que el despliegue masivo de recarga en AC actúa como catalizador del vehículo eléctrico. Según datos de Qwello, cuando la infraestructura es accesible y fiable, los usuarios la integran con normalidad en su día a día.
Las cifras son reveladoras: sesiones de carga de entre 10 y 25 kWh, con duraciones de entre una hora y media y cuatro horas, y costes que oscilan entre 5 y 12 euros. Pero el dato más significativo es otro: cuando una ciudad alcanza entre 0,5 y 1 punto de recarga en AC por cada 100 habitantes, las matriculaciones de vehículos eléctricos crecen entre un 20 % y un 40 % anual.
El papel decisivo de los ayuntamientos
A pesar de sus ventajas, la recarga en corriente alterna sigue sin desplegarse con la intensidad necesaria en España. Las razones son diversas: desde la falta de conocimiento técnico hasta limitaciones presupuestarias o, simplemente, ausencia de prioridad política.
En este escenario, los municipios emergen como actores clave. Son las administraciones más cercanas al ciudadano y las que tienen competencias directas sobre el espacio público urbano. Su implicación resulta determinante para facilitar permisos, planificar redes de recarga y generar un entorno favorable para la inversión.
Una cuestión de voluntad política
El diagnóstico que hacen tanto Aedive como Qwello es que mientras el contexto energético global empuja hacia la electrificación, muchas ciudades españolas no están creando las condiciones necesarias para que esa transición sea inclusiva y efectiva.
La recarga en corriente alterna no es solo una opción técnica, sino una palanca estratégica para democratizar el acceso al vehículo eléctrico. Su despliegue masivo podría eliminar una de las principales barreras de entrada y acelerar de forma decisiva la movilidad sostenible en España.
En última instancia, como subrayan desde AEDIVE, no se trata únicamente de tecnología o inversión, sino de voluntad política.
