Se estima que la producción de cemento –un producto que está en todas partes: viviendas, carreteras, infraestructuras críticas…– genera cerca del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. El nuevo cemento desarrollado por los Investigadores de la Universidad de Stanford permite reducir estas emisiones de manera notable.
El trabajo parte de una observación realizada por Tiziana Vanorio, al frente de la investigación, quien se fijó en que hay rocas que actúan como un cemento natural extremadamente resistente. Así ocurre, por ejemplo, en la región volcánicas de Pozzuoli (Italia). Estas rocas, ricas en cenizas volcánicas (puzolanas) y muy duraderas y "flexibles", han sido usadas en estructuras romanas como el Panteón, lo que da cuenta de su enorme potencial.
El equipo científico ha conseguido replicar ese comportamiento en laboratorio, desarrollando un cemento (denominado Phlego) de bajo carbono inspirado en esos procesos geológicos,.
El proceso
Para producir cemento convencional se calienta caliza (carbonato cálcico) a temperaturas muy elevadas. Un proceso que genera CO₂ por dos vías. Una, por la propia descomposición química de la caliza, que genera grandes emisiones. Otra, por el elevado consumo energético de los hornos, que suelen operar con combustibles fósiles. El proceso es, ademas, poco eficiente ya que aproximadamente la mitad de la masa original de la roca se pierde en forma de dióxido de carbono.
El cemento “Phlego”, por el contrario, no emplea caliza, sino una roca ígnea rica en minerales, formada ya sin carbono en su origen geológico. Gracias a ello, no libera CO₂ al calentarse. Este cemento imita, ademas, la microestructura fibrosa de las rocas volcánicas naturales, lo que reduce su fiisuración y permite obtener estructuras más duraderas. Una cualidad que, a largo plazo, también contribuye a reducir las emisiones. Y este nuevo cemento se puede obtener en las plantas actuales sin grandes modificaciones.
