“Un progreso insostenible nos ha llevado a bebernos el agua con la que calmar nuestra insaciable sed de consumo. Este derroche se refleja en la agricultura intensiva, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y unas emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado un cambio climático. Todo ello impone unos devastadores intereses a nuestras reservas de agua: sequías más largas, evaporación acelerada y lluvias imprescindibles”, señalan los autores del informe de la ONU.
"Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas. Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es negativo", explica Kaveh Madani, autor principal del informe.” El resultado es que hoy pagamos una factura hídrica que no podemos saldar”.
El trabajo pinta un panorama desolador:
• El 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura
• Más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando
• 2.000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas
• En 50 años, se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea
La agricultura, que consume el 70% del agua dulce, es el epicentro del colapso. Cuando los cultivos se secan en una región, la escasez viaja a través de los precios de los alimentos, golpeando la seguridad alimentaria global y desestabilizando economías.
"El agua que falta aquí, se nota en la comida de allá. Esta quiebra no es un problema local, es un riesgo sistémico que fluye por las venas del comercio mundial", advierte Madani.
Frente a este escenario, el informe hace un llamamiento urgente a la acción y pide gestionar la quiebra, no la crisis. “Esto implica renegociar el contrato con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un recurso menguante y blindar los ecosistemas que aún producen agua”, afirman.
El mensaje final es claro: aunque no podamos llenar de nuevo los acuíferos agotados, aún estamos a tiempo de proteger cada gota y quizá así aprender a vivir con el agua que nos queda.
La Conferencia del Agua de la ONU 2026 (Emiratos Árabes Unidos, del 2 al 4 de diciembre) se presenta como la oportunidad crítica para este "rescate hídrico".
