La compra, que previsiblemente se cerrará a mediados de año tras recibir las autorizaciones regulatorias pertinentes, refuerza la presencia de Engie en un momento clave para la electrificación y la modernización de redes, ya que UKPN es uno de los principales operadores de distribución eléctrica en territorio británico, un segmento considerado estratégico en plena transición energética.
Financiación híbrida y disciplina financiera
Para financiar la operación, Engie combinará deuda y emisión híbrida por unos 5.000 millones de euros y ejecutará un programa de desinversiones de aproximadamente 4.000 millones de euros hasta 2028. Además, la multinacional también prevé captar hasta 3.000 millones de euros mediante una colocación acelerada de acciones (ABB), con el objetivo de preservar una sólida calificación crediticia de grado de inversión.
El impacto financiero será significativo, ya que la compañía estima que el efecto conjunto de la adquisición y del avance del plan de desinversiones se traducirá en un aumento neto del capital empleado de entre 17.000 y 19.000 millones de euros a finales de 2026. En concreto, la deuda financiera neta crecería entre 13.000 y 15.000 millones de euros. No obstante, la dirección subraya que mantendrá una "flexibilidad significativa" en su cartera de inversiones y activos para seguir desplegando su estrategia de crecimiento orgánico.
La consejera delegada de Engie, Catherine MacGregor, ha calificado la operación como "un paso decisivo" para consolidar la posición del grupo como actor clave en la transición energética. Según ha explicado, la integración de UKPN permitirá mejorar la trayectoria de crecimiento y reducir el perfil de riesgo del grupo, aportando mayor visibilidad a los beneficios futuros.
Desde Londres, el consejero delegado de UK Power Networks, Basil Scarsella, destacó que la incorporación a Engie garantiza respaldo financiero, capacidad industrial y visión a largo plazo en una etapa que exigirá fuertes inversiones en la red eléctrica británica.
En el fondo, la operación refleja una convicción cada vez más extendida en el sector: en la era de la descarbonización, quien controle las redes —las autopistas invisibles por donde circula la electricidad— tendrá una posición privilegiada. Engie ha decidido apostar fuerte por ese futuro.
