El Fondo de Innovación de la UE fue lanzado en 2020 y es uno de los mayores programas del mundo para el apoyo a la competitividad en el sector de las tecnologías limpias. Apoya la transición a una economía climáticamente neutra mediante la financiación de proyectos en industrias con gran intensidad de energía, energías renovables, almacenamiento de energía, y captura, almacenamiento y utilización de carbono e hidrógeno. Sin embargo, sus resultados están quedando muy por debajo de lo previsto.
Al final de junio de 2025, casi cinco años después de su lanzamiento, los pagos reales a los proyectos ascendían solo a 332 millones de euros, o sea, menos del 1% del presupuesto total del fondo. La lenta utilización se debe en parte al modo en que se financia el fondo: a través del Régimen de comercio de derechos de emisión de la UE (RCDE).
Como estos ingresos dependen de los precios del mercado del carbono, el nivel de financiación disponible es incierto por naturaleza, y no cuenta con un mecanismo que garantice un nivel mínimo de recursos. Tal incertidumbre afecta a la utilización de los fondos y, en último término, a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Todo ello, sumado a los largos plazos de desarrollo de los proyectos, ha provocado la acumulación de buena parte de los fondos sin ser gastados.
João Leão, miembro del Tribunal de Cuentas Europeo encargado de la auditoría, afirma que “para maximizar su impacto, se necesitan prioridades estratégicas claras, una utilización más rápida de los fondos y una evaluación más realista de los proyectos”.
Retrasos y cancelaciones
En su informe, los auditores señalan que muchos de los proyectos que seleccionan “sufren retrasos y, aproximadamente, uno de cada cinco se cancela antes de llegar a ser operativo, aun cuando la Comisión Europea aplica los criterios de selección requeridos y los procesos, en general, están dentro de plazo y debidamente documentados. Las reducciones de emisiones previstas, factor clave en la selección de los proyectos, se calculan aplicando supuestos teóricos”. Según los auditores, este sistema puede derivar en proyecciones optimistas y condicionar la selección de los proyectos que reciben financiación.
Los auditores también han constatado que la Comisión carecía de una estrategia coherente para asignar los recursos de los Fondos de Innovación. Desde 2022, la financiación cada vez se dirige en mayor medida a nuevas prioridades políticas emergentes, como el hidrógeno o las baterías. Sin embargo, este cambio no ha ido acompañado de un análisis estratégico claro del potencial de las tecnologías para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, o de su contribución a los objetivos industriales y estratégicos de la UE.
Añaden que la experiencia adquirida con este Fondo “podría contribuir no solo a mejorarlo, sino también a definir la orientación de la dotación propuesta de 451.000 millones de euros para el nuevo Fondo Europeo de Competitividad, también concebido para potenciar la innovación en tecnologías estratégicas, en el próximo presupuesto a largo plazo de la UE 2028-2034”.
Mercado RCDE
El Régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE) abarca miles de centrales de energía y otras instalaciones industriales del Espacio Económico Europeo, y se considera en general uno de los mayores mercados de carbono del mundo.
Las empresas deben poseer derechos de emisión por cada tonelada de CO₂ que emiten, y pueden negociarlos en el mercado del carbono. De este modo, se establece un precio para las emisiones, con arreglo al principio de que quien contamina paga. Dado que el límite se reduce cada año, hay menos derechos disponibles, de modo que las emisiones disminuyen y se incentiva a las empresas para que inviertan en tecnologías más limpias.
El Fondo de Innovación sustituyó y amplió el anterior programa NER300, que apoyaba las energías renovables y los proyectos de captura de carbono.
