Mientras los líderes de la Unión Europea se preparan para reunirse hoy en Bruselas para hacer frente común tras los recientes acontecimientos que han debilitado las relaciones transatlánticas, la organización ecologista alerta de que Europa sigue atrapada en una "dependencia peligrosa" de combustibles fósiles importados, y que en este momento esa dependencia se está desplazando con fuerza hacia Estados Unidos.
Esta ha sido la reacción de los ecologistas a la desescalada de última hora del presidente estadounidense Donald Trump -que ayer adelantó que levantaría los aranceles anunciados para varios países europeos, en medio de las tensiones por las amenazas de anexión del territorio autónomo danés- sobre Groenlandia, en la que Greenpeace advierte de que la fortaleza europea "depende de normas estrictas que protegen la salud, el medio ambiente y los derechos de la ciudadanía". Y compar gas al abusón no parece el mejor camino.
Magda Stoczkiewicz, directora de Programas de Greenpeace en la UE, lo ha ilustrado con una imagen muy concreta: "una flotilla de buques cisterna" cruza océano para descargar gas estadounidense en Europa mientras los líderes europeos rinden pleitesía al magnate yanqui. Para Greenpeace, ese flujo no es solo un dato energético, sino una señal de vulnerabilidad estratégica, ya que "demuestra lo dependiente que es Europa de los combustibles fósiles estadounidenses".
Stoczkiewicz ha defendido que la respuesta pasa por invertir de forma decidida en energías renovables y acelerar una transición que no se limite a cambiar de proveedor, sino a reducir la necesidad de importar combustibles. "Las inversiones en energías renovables, las soluciones a la pobreza energética y los empleos verdes aportan fortaleza".
Desde Greenpeace España, José Luis García, responsable del Área de Energía, Clima y Movilidad, ha señalado que "la independencia política va de la mano de la independencia energética", ya que, según su análisis, cuanto más dependa Europa de Estados Unidos para garantizar su suministro energético, más expuesta queda a la presión política. García ha calificado esa dinámica como "una trampa peligrosa" porque el dinero dedicado a comprar gas estadounidense tiene consecuencias políticas. "Cada euro que se gasta en gas estadounidense refuerza la agenda autoritaria de Trump y sus ambiciones imperialistas en el extranjero".
En ese marco, Greenpeace plantea una receta que pasa por abandonar gradualmente del gas fósil para avanzar hacia un sistema "eficiente, suficiente y totalmente renovable". La clave de este planteamiento no sería únicamente producir electricidad verde, sino también reducir el consumo total de energía mediante eficiencia, y proteger a la población vulnerable con medidas específicas contra la pobreza energética, de modo que la transición energética no se convierta en un lujo.
La organización también señala que mantener acuerdos para importar grandes volúmenes de energía fósil -principalmente gas- consolida una dependencia que, en su opinión, Europa debería revertir si quiere blindar su capacidad de decisión. En resumen, Greenpeace pide a la UE que deje de buscar "seguridad" en nuevos contratos de gas y la construya donde -dicen- está el músculo real: renovables, eficiencia, justicia social y empleo verde.
