Groizard ha situado el debate en el contexto de un escenario global marcado por la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y los cambios estructurales en el sector energético. Frente a ese panorama, sostiene que Europa debe "volver a los fundamentos" y concentrar sus esfuerzos en aquellos ámbitos donde puede competir con ventaja. "Europa no puede competir en precios basados en combustibles fósiles, pero sí en aprovechar su sol, su viento y su agua", ha asegurado.
Según el secretario de Estado, esa ventaja comparativa ya se está trasladando a la industria, ya que las energías renovables son hoy competitivas incluso frente a las opciones fósiles más baratas, lo que permite reducir costes estructurales y ofrecer mayor certidumbre a largo plazo a las empresas. "La transición energética no solo es buena para el planeta, también lo es para las cuentas de resultados", ha dicho.
Renovables y competitividad industrial
En el caso español, Groizard respaldó este argumento con datos que apuntan a una mejora sustancial de la posición industrial del país. En concreto, ha esgrimido los datos recogidos en informes recientes de McKinsey y BBVA que sitúan a España entre los Estados europeos con mejores perspectivas industriales, gracias, entre otros factores, a una energía solar entre un 20% y un 25% más competitiva que la media europea y a un potencial de producción de hidrógeno verde hasta un 20% más barato.
Uno de los indicadores más claros de esta evolución, según Groizard, es el precio de la electricidad para la industria. Desde 2018, ha explicado, las empresas españolas han pasado de pagar un 32% más que la media europea a pagar un 21% menos. "Esto ya se refleja en los precios de la electricidad y tiene un impacto directo en la competitividad de nuestra industria".
El secretario de Estado también ha destacado el papel de España en la cadena de valor de las tecnologías limpias, que abarca desde el hidrógeno y la energía solar hasta las baterías eléctricas. Groizard ha recordado que el Gobierno apoyó la instalación de 33 nuevas fábricas el año pasado en el marco del Plan de Recuperación, con el objetivo de reforzar la soberanía industrial y energética del país.
A ello se suma, según Groizard, una red eléctrica con capacidad para cubrir más del doble de la demanda histórica española, lo que abre la puerta a nuevos proyectos industriales intensivos en energía. No obstante, ha subrayado que el papel del Ejecutivo debe ser garantizar que los incentivos y las infraestructuras acompañen a una demanda real y sostenible.
En el mismo foro, el consejero delegado de Endesa, José Bogas, ha coincidido en que España atraviesa "un momento clave". A su parecer, la estabilidad institucional y el despliegue de renovables han transformado el sistema eléctrico español, situándolo entre los más avanzados de Europa y reforzando su atractivo como destino para la inversión industrial.
La jornada ha dejado claro que la transición energética ya no es un debate a futuro, sino un factor presente de competitividad industrial. En un escenario internacional incierto, España parte con una ventaja clara: energía más barata, mayor capacidad instalada y una base industrial llamada a crecer al calor de las renovables.
