Los países de todo el mundo -alertan desde Naciones Unidas- se enfrentan a las graves consecuencias que se derivan del deterioro del suministro de petróleo, "desde el cierre anticipado de universidades en Bangladesh hasta los planes para reducir la jornada laboral en el sector público en Filipinas". La dependencia de combustibles fósiles también está detrás de los apagones de Cuba, país que está sufriendo el bloqueo de Estados Unidos (la Administración Trump ha cortado todo suministro de petróleo a la isla). Volviendo a su intervención en la Cumbre de Crecimiento Verde (Green Growth Summit), en Bruselas, el responsable de ONU Clima (UNFCC), Simon Stiell, ha destacado que los recientes conflictos y el aumento de las tensiones geopolíticas evidencian la vulnerabilidad del sistema energético mundial.
En palabras de Stiell, esta dependencia está generando un costo enorme en “un mundo marcado por turbulencias comerciales, políticas de mano dura y guerras”. En Europa, solo en 2024, la factura superó “los 420.000 millones de euros”, pero sus efectos se sienten en todo el mundo.
Paradójicamente, algunas respuestas a la crisis de los combustibles fósiles, ha enfatizado el jefe de la ONU para el Clima, buscan reforzar el problema y “ralentizar la transición a energías renovables, algo ilusorio porque la historia muestra que esta crisis de los combustibles fósiles se repetirá una y otra vez”.
Energías renovables reproduce íntegramente a continuación la intervención de Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, en la Cumbre sobre Crecimiento Verde, el lunes 16 de marzo de 2026, en Bruselas, Bélgica
«La dependencia de los combustibles fósiles está erosionando la seguridad y la soberanía nacionales, reemplazándolas por la subordinación y el aumento de los costes.
Y Europa depende más de las importaciones de combustibles fósiles que casi cualquier otra gran economía.
Solo en 2024, eso le costó más de 420.000 millones de euros.
La dependencia de los combustibles fósiles significa que las economías, los presupuestos familiares y los resultados empresariales están a merced de las crisis geopolíticas y de la volatilidad de los precios en un mundo caótico.
Un mundo de turbulencias comerciales, política de mano dura y guerras.
El Banco Central Europeo ha señalado recientemente que la economía de la UE se encuentra en una buena situación.
Pero los precios de la electricidad están disparándose. Y es probable que vuelva la inflación.
Porque la guerra en Oriente Medio ha provocado una subida vertiginosa de los precios del petróleo y el gas. Igual que ocurrió antes con la guerra en Ucrania.
El impacto del deterioro del suministro energético se está sintiendo en todo el mundo.
Desde el cierre anticipado de universidades en Bangladesh hasta los planes para reducir la jornada de trabajo en el sector público en Filipinas, los países están sufriendo los efectos.
Algunas respuestas a la crisis de los combustibles fósiles —por increíble que parezca— abogan por redoblar la causa del problema y ralentizar la transición hacia las energías renovables, a pesar de que estas son claramente más baratas, seguras y rápidas de comercializar.
Esto es completamente ilusorio.
Porque la historia nos dice que esta crisis de los combustibles fósiles se repetirá una y otra vez.
En este nuevo desorden mundial en el que algunas grandes potencias hacen lo que les place, sin verse limitadas por la lógica económica o las alianzas actuales.
Mi mensaje a los ministros reunidos hoy en Bruselas es sencillo: la dependencia pasiva de las importaciones de combustibles fósiles dejará a Europa tambaleándose permanentemente de una crisis a otra, y serán los hogares y las industrias los que paguen literalmente el precio.
Y todo ello mientras los desastres climáticos causan estragos cada vez mayores en todo el mundo, aumentando los costes y frenando el crecimiento económico, con un enorme coste humano.
En Europa, los fenómenos climáticos extremos causaron pérdidas económicas por valor de 43.000 millones de euros solo el verano pasado. Y se trata de una estimación conservadora.
Mientras tanto, los combustibles fósiles que agravan los desastres recaudan billones en subvenciones financiadas por los contribuyentes de todo el mundo. Dinero que podría utilizarse mucho mejor.
Pero las energías renovables cambian las reglas del juego.
La luz solar no depende de estrechos y vulnerables pasos marítimos.
El viento sopla sin necesidad de costosas escoltas navales financiadas por los contribuyentes.
Las energías renovables permiten a los países protegerse de la turbulencia global y evitar la política del poder del más fuerte.
Las energías renovables también responden a las principales prioridades de los ciudadanos de todo el continente: seguridad, empleos bien remunerados, mejor salud y alivio frente al aumento del coste de la vida.
En estos momentos se habla mucho del populismo.
Pero la realidad es que lo que la mayoría de los votantes exige, la acción climática lo ofrece a gran escala.
Las energías renovables y la resiliencia reducen las facturas y crean muchos más puestos de trabajo.
Eliminar la contaminación causada por los combustibles fósiles limpia nuestro aire, mejorando la salud y la calidad de vida.
Y cumplir el objetivo de reducción de emisiones de la UE para 2040 impulsaría su economía en un 2%. Esto supondría cientos de miles de millones de euros cada año y reportaría enormes beneficios humanos y sociales, incluida una mayor estabilidad.
Hoy, Europa tiene una oportunidad única en una generación para aprovechar estos beneficios.
Aprovechar su histórico liderazgo climático.
Y consolidar la competitividad, la estabilidad y la mejora del nivel de vida durante los próximos años.
En una era de caos, el capital busca un crecimiento seguro y estratégico, enviando sumas récord hacia Europa.
La UE puede convertir esta tendencia en un pilar permanente de empleo y prosperidad con una acción climática firme:
En resiliencia climática, esencial para la seguridad humana y la estabilidad económica a medida que se intensifican los desastres.
Y estableciendo cómo prosperar en un mundo en proceso de descarbonización, a medida que se acelera la electrificación, impulsando los servicios de energía limpia y la innovación.
Las oportunidades son enormes.
El año pasado, las energías renovables superaron al carbón como principal fuente de electricidad del mundo.
Se invirtieron más de dos billones de dólares en energía limpia. El doble que en combustibles fósiles.
Europa ya es líder en acción y ambición climáticas.
Su Sistema de Comercio de Emisiones está impulsando la inversión y la innovación.
Y las empresas europeas están a la vanguardia de las industrias limpias y del crecimiento:
Como SSAB, Maersk y Holcim, líderes en acero, transporte marítimo y cemento verdes.
O Siemens, Schneider e IPS, pioneras en energía eólica, almacenamiento de energía y servicios de tecnología eléctrica.
Europa puede aprovechar de forma permanente el filón de inversión de varios billones de euros que apenas está comenzando.
Adoptando el crecimiento verde y aprovechando sus muchas fortalezas: educación, instituciones sólidas, regulación inteligente, justicia social, innovación y propiedad intelectual.
Y respaldándolo con planes y políticas.
Que cumplan plenamente y a tiempo con su NDC.
Que muestren cómo va a realizar la transición desde los combustibles fósiles, de forma rápida y justa.
Que modernicen las redes eléctricas y mejoren las conexiones transfronterizas.
Que se mantengan firmes en su apoyo al Sistema de Comercio de Emisiones, tal y como solicitaron más de 100 empresas la semana pasada, al tiempo que reconocen la complejidad del comercio internacional y la necesidad de una transición global inclusiva.
Y que sitúen a Europa a la vanguardia de la revolución electro-tecnológica, entre otras cosas mediante su nuevo Plan de Acción para la Electrificación.
Las empresas europeas son fundamentales para respaldar estos esfuerzos.
Continuando con su liderazgo.
Y pidiendo a los gobiernos que hagan más, demostrando que cuentan con su respaldo.
Porque unas políticas más sólidas significan economías más seguras y más oportunidades para las empresas, a medida que la descarbonización alcanza puntos de inflexión positivos.
Y una transición más rápida en todo el mundo significa mayores beneficios para Europa y para sus empresas de todos los tamaños.
La prosperidad de la UE depende de asociaciones sólidas que empoderen a otros, especialmente a los países en desarrollo.
Y de cadenas de suministro globales que puedan soportar condiciones climáticas extremas, lo cual es crucial para mantener baja la inflación.
La cooperación climática es un antídoto contra el caos actual y futuro.
A través de acuerdos comerciales y alianzas, los países pueden crear las condiciones para economías más estables y sostenibles en todo el mundo.
Las COP están en el centro de esos esfuerzos.
Y están dando resultados, aunque no con la rapidez suficiente.
La cooperación convocada por las Naciones Unidas y el liderazgo europeo han sido fundamentales para la acción climática mundial: el Acuerdo de París ha reducido aproximadamente a la mitad el aumento previsto de la temperatura mundial.
Ha desencadenado la revolución mundial de la energía limpia.
Y el año pasado, pese a fuertes vientos políticos en contra, todos los países presentes en la COP30 afirmaron que el Acuerdo de París está funcionando y se comprometieron a llevarlo más lejos y más rápido.
Año tras año, el liderazgo de la UE ha impulsado la ambición en las COP.
Les insto a mantener ese liderazgo. A defender el proceso. Y a estar a la altura de este momento.
A medida que entramos en una nueva era de acción climática —una era de implementación— surgen enormes oportunidades.
Cada vez más, las COP servirán para conectar a gobiernos, empresas e inversores con el fin de convertir los compromisos en enormes beneficios para las personas.
Eso es lo que se conoce como la Agenda de Acción. Forma parte del Acuerdo de París tanto como las negociaciones.
Y está logrando avances significativos: en la COP30 se comprometió un billón de dólares para redes eléctricas y almacenamiento, se lograron importantes avances de financiación en salud y clima, y se dieron grandes pasos en resiliencia y protección de los bosques.
La COP31 en Türkiye impulsará aún más este enfoque.
Por eso les insto a aprovechar este momento.
Con empresas que acuden a las COP para asegurar acuerdos que ayuden a afrontar la crisis climática y, al mismo tiempo, fortalezcan sus resultados empresariales.
Y con la UE construyendo nuevas alianzas que beneficien a todos a través de su “Global Gateway”.
Invirtiendo en cadenas de valor en países socios, acelerando sus transiciones y fortaleciendo su resiliencia, al tiempo que refuerza las alianzas.
Esto va al corazón de lo que representa Europa.
El siglo pasado, cuando un continente devastado por la guerra se unió para sentar las bases de la integración, la energía era una prioridad.
Porque los países comprendían que un suministro energético seguro y asequible, logrado mediante la cooperación, era la base de la paz y la prosperidad.
Hoy en día, estas verdades son más importantes que nunca.
Muchas gracias»
