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La minería española gana peso en la UE con minerales clave para la transición energética

La transición energética, ese enorme cambio tecnológico que pretende sustituir combustibles fósiles por energías renovables, electrificación y digitalización, tiene un lado muy material. Y es que tanto paneles solares, como turbinas eólicas, baterías, redes eléctricas y vehículos eléctricos no aparecen por arte de magia, sino que nacen de minerales extraídos del subsuelo, generalmente en países remotos con una legislación ambiental mínima. Y ahí es donde España puede desempeñar una carta interesante dentro del tablero europeo.
La minería española gana peso en la UE con minerales clave para la transición energética
Producción minera por CCAA. Miteco

Según la Estadística Minera 2024 del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el sector minero español alcanza un valor de 3.628 millones de euros y emplea a 30.234 personas repartidas en 2.592 explotaciones. Más allá de la cifra económica, el dato relevante es que una parte creciente de esa producción corresponde a materias primas esenciales para la transición energética y digital.

España en el mapa europeo de minerales estratégicos
La Unión Europea lleva años repitiendo el mismo problema: depende demasiado de importaciones para obtener minerales críticos. China domina el refinado de tierras raras, el Congo concentra gran parte del cobalto, y muchos metales estratégicos provienen de regiones geopolíticamente inestables. Por eso Bruselas ha identificado 34 materias primas críticas para la industria verde y digital.

España aparece en ese mapa con cierta ventaja geológica, ya que dentro de la UE, nuestro país es el único productor de sepiolita y estroncio; el primer productor de espato-flúor y yeso; el segundo productor de cobre, mármol, magnesita y sales potásicas; el tercer productor de wolframio; y el cuarto productor de granito. Por otro lado, a escala mundial lidera la producción de pizarra para cubiertas.

Entre estos recursos, varios resultan clave para tecnologías de la transición energética:

  • Cobre: Es el metal de la electrificación. Los motores eléctricos, los transformadores y las redes de transporte energético requieren grandes cantidades de cobre por su excelente conductividad. Un coche eléctrico puede usar hasta cuatro veces más cobre que uno de combustión.
  • Wolframio (tungsteno): Tradicionalmente utilizado por la industria militar para fabricar blidaje y proyectiles perforantes, hoy es fundamental en herramientas industriales de alta resistencia, pero también en ciertos componentes electrónicos y tecnologías energéticas avanzadas.
  • Espato-flúor: Mineral esencial para la industria química y metalúrgica, especialmente en la producción de fluoropolímeros y aluminio, ambos presentes en tecnologías energéticas.
  • Estroncio: Se utiliza en cerámicas electrónicas, imanes y algunos componentes tecnológicos.

El valor de producción de estas materias primas consideradas fundamentales alcanzó en España 830 millones de euros, y las previsiones apuntan a que aumentará en los próximos años.

La carrera europea por las materias primas
La transición energética empuja irremediablemente al viejo sector minero hacia la primera línea de la importancia estratégica, ya que la UE ha aprobado nuevas políticas para reducir la dependencia de importaciones, tanto en la extracción como en el procesamiento de minerales críticos. En ese contexto, España se ha convertido en una pieza relevante del rompecabezas europeo.

La Comisión Europea ya ha identificado siete proyectos estratégicos en España dentro de una primera lista de 47 en toda la UE. Estos proyectos abarcan toda la cadena de valor: desde exploración minera hasta refinado, reciclaje y desarrollo tecnológico.

El nuevo plan español de materias primas
Para reforzar esa posición, el Gobierno prepara el Primer Plan de Acción para la Gestión Sostenible de las Materias Primas Minerales 2026-2030, un plan que responde a tres grandes desafíos:

Reducir la dependencia exterior de minerales críticos, impulsar la descarbonización de la economía y fortalecer la competitividad industrial europea.

Incluye 34 medidas, entre ellas un elemento especialmente llamativo: el primer Plan Nacional de Exploración Minera desde la transición democrática. Uno de sus objetivos será localizar recursos aprovechables en más de 1.000 balsas y escombreras mineras existentes en España, lo que podría convertir antiguos residuos en nuevas fuentes de minerales estratégicos.

El lado material de la transición verde
La narrativa pública suele presentar la transición energética como una historia de paneles solares y turbinas eólicas. Pero detrás de esas tecnologías hay algo más antiguo y más físico: geología. Las energías limpias necesitan más minerales, no menos. Las redes eléctricas, las baterías y los sistemas digitales requieren grandes cantidades de metales y minerales industriales.

Un sector más pequeño, pero más tecnológico
La minería española actual no se parece demasiado a la del siglo XX. El número de explotaciones ha caído un 38% desde 2005, pasando de 4.227 a unas 2.600, pero el sector se ha vuelto más tecnológico, eficiente y regulado ambientalmente.

Ese proceso sigue una lógica bastante clara, que pasa por abrir menos minas, pero más grandes, más automatizadas y con estándares ambientales más estrictos.

También se observa una evolución hacia la extracción múltiple, donde una misma explotación recupera varios minerales a la vez. Esta estrategia aprovecha mejor los recursos del yacimiento y reduce residuos.

Otro cambio interesante es la incorporación de criterios de economía circular. Las nuevas tecnologías permiten recuperar minerales valiosos de antiguas escombreras y balsas mineras, transformando residuos históricos en nuevas fuentes de materias primas.

Dónde se concentra la minería
La actividad minera en España no está repartida de manera uniforme. Cuatro comunidades concentran la mayor parte del sector.

Andalucía lidera claramente el ranking con el 33,9% del valor de la producción, impulsada en gran parte por los minerales metálicos de la Faja Pirítica Ibérica, una de las mayores provincias metalogénicas de Europa. Le siguen Castilla y León (12%), Cataluña (11,1%) y Galicia (8,7%). Estas tres regiones, junto con Andalucía, concentran más de la mitad del empleo y de la producción minera del país.

En términos de tipos de materiales, el reparto es el siguiente: Productos de cantera (36%), principalmente orientados a la construcción; Minerales metálicos (27%), donde se encuentran los recursos clave para la transición energética; Minerales industriales (25%), usados en química, cerámica o tecnología; Rocas ornamentales (12%), como granito o mármol.

La transición energética tiene una paradoja interesante: para construir un sistema energético más limpio, también hay que picar en el subsuelo. Y en ese mapa mineral, España podría tener más protagonismo del que nos imaginamos.

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