Los autores del informe señalan que, aunque continúa la tendencia moderada de los precios de la energía en 2024 tras los picos históricos de 2022, se mantiene la presión sobre los hogares vulnerables, y destacan que, aunque algunos indicadores siguen mostrando signos de mejoría, la pobreza energética sigue siendo un desafío importante.
Y es que la entrada en vigor de la nueva metodología del Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC) para reducir la exposición de los consumidores regulados a la volatilidad generó un alivio general, los hogares más vulnerables no lo han notado. El indicador HEP -basado en el consumo teórico necesario para mantener confort térmico- revela una dinámica oculta: muchos hogares no gastan menos porque sean eficientes, sino porque no pueden permitirse consumir más. Esta brecha se manifiesta en salud física, aislamiento social y degradación de la vivienda.
Según los datos recogidos, aunque la diferencia entre el gasto real y el necesario -la llamada brecha de pobreza energética- se redujo gracias a los bonos sociales, pasando de 150 euros a 72 euros anuales en hogares beneficiarios, esta diferencia sigue siendo "profunda y crónica". [Amplía la imagen].

Los inquilinos sufren pobreza energética oculta estructural
El análisis según el régimen de vivienda confirma una correlación alarmante, ya que en los hogares en alquiler, la pobreza energética oculta severa asciende al 13,34%, y la incapacidad para mantener temperatura adecuada se dispara al 30%. Los autores del estudio describen este hallazgo con claridad: "la pobreza energética en alquiler puede duplicar los valores nacionales en todos los indicadores, convirtiéndose en un vector claro de vulnerabilidad".
Esto apunta a una cuestión de fondo, puesto que el problema no es sólo tarifario, sino urbanístico, térmico y contractual. Y es qie el parque de vivienda en alquiler acumula una serie de características que provocan esta situación, como son la baja eficiencia energética, la alta rotación, el escaso acceso a rehabilitación e incentivos nulos para invertir en autoconsumo.
Indicadores para medir la política energética
El informe propone replantear el peso de los indicadores tradicionales. Las variables de "gasto desproporcionado" y de "gasto insuficiente" muestran patrones estancados, mientras que la "pobreza energética oculta" revela la verdadera profundidad de la vulnerabilidad.
Esta metodología de análisis, basada en las necesidades energéticas reales definidas por el Código Técnico de la Edificación, plantea una mirada más ajustada a la realidad social. Por ello, los autores del estudio subrayan que la pobreza energética oculta no puede reducirse midiendo solo precios, sino entendiendo cuánta energía necesita realmente un hogar para vivir con dignidad.
Los investigadores indican que la pobreza energética sigue afectando a millones de personas en España, con diferencias territoriales muy significativas, siendo las regiones del sur, y en particular Extremadura, las más afectadas. Asimismo, sin la ayuda del bono social, la brecha de pobreza energética habría sido significativamente mayor, y subrayan la importancia de seguir implementando medidas que garanticen el acceso a una energía asequible para los hogares vulnerables.

Hacia una transición energética justa
La transición renovable ya está modificando el sistema eléctrico, pero aún no ha transformado las condiciones de habitabilidad. El informe insiste en una idea clave: los avances tecnológicos no deben ocultar un déficit social creciente.
Lo cierto es que aunque la energía limpia rebaja los precios marginales, no garantiza el confort térmico, sobre todo en hogares que no se pueden permitir una instalación de autoconsumo. La pobreza energética oculta exige cerrar el círculo de precio, acceso, vivienda y consumo real.
Por todo ello, el reto para el sector renovable es pasa por afrontar el hecho de que la eficiencia sin equidad se convierte en un nuevo tipo de exclusión. La transición energética será justa cuando deje de iluminar solo los tejados y empiece a calentar los hogares invisibles.
Informe de Indicadores de Pobreza Energética 2024, elaborado por la Cátedra de Energía y Pobreza de la Universidad Pontificia Comillas
Buenos días, soy voluntario en pobreza energética y con perfil de haber trabajado más de 30 años en el sector, ahora pensionista. Los problemas que detecté en viviendas con inquilinos en situación de vulnerabilidad, fueron principalmente: mal aislamiento térmico, sistemas de calefacción antiguos o en mal estado, inadecuados para la vivienda, de alto consumo de energía (eléctrica o combustible), mal gestionados por desconocimiento, tarifas inadecuadas y complementos no necesarios, sin bono social por desconocimiento o por no asesoramiento en su obtención. Ante esto, las ONG en las cuales actuaba dejaron de recibir fondos de la administración y las ayudas para mitigar este problema dejaron de existir. Hay que volver a dotar de fondos a las ONG para que voluntarios podamos retomar nuestro trabajo ya que la administración en la comunidad donde vivo y actuaba como voluntario (Madrid) no da fondos ni tiene servicios con personal para hacerlo. Aislar un muro exterior (aunque sea desde el interior) no es caro, modificar un sistema de calefacción o mejorar su gestión tampoco. Un saludo y tu artículo me pareció muy interesante y valioso. Gracias y saludos
