El informe, titulado Cierre nuclear y transición energética: el caso de Almaraz (cuya presentación puedes ver aquí), analiza distintos calendarios de cierre para el periodo 2026-2033 mediante "simulaciones horarias detalladas", y evalúa su efecto en la seguridad de suministro, la integración de renovables, las emisiones de gases de efecto invernadero y el coste de la electricidad para hogares y empresas. El profesor titular de la URJC, Eloy Sanz ha defendido públicamente los resultados, subrayando que centrarse en el impacto a corto plazo "conduce a diagnósticos incompletos", ya que los mayores efectos aparecen después del cierre definitivo, "cuando el sistema llega menos preparado".
El actual calendario nuclear prevé el cierre de Almaraz I el 1 de noviembre de 2027 y de Almaraz II el 31 de octubre de 2028, en línea con el acuerdo alcanzado en 2019 entre Gobierno, sindicatos y empresa. Sin embargo, en octubre las propietarias de la instalación -Iberdrola, Endesa y Naturgy- solicitaron formalmente al Ministerio para la Transición Ecológica una prórroga para ambos reactores hasta junio de 2030.
Los investigadores interpretan esa petición como una decisión guiada por “criterios estrictamente empresariales” y no por razones de seguridad. De hecho, el trabajo sostiene que el cierre en la fecha prevista es “técnicamente viable” y “no compromete la seguridad del sistema eléctrico”.
Uno de los puntos centrales del estudio es la capacidad del sistema para reemplazar la generación que dejaría de aportar Almaraz tras su cierre programado. De acuerdo con las simulaciones, en los primeros años posteriores (2028-2029), el 96,4% de la energía que dejaría de producir la central podría sustituirse por generación renovable. Solo un 3,6% requeriría recurrir a ciclos combinados de gas.
El informe también sostiene que, desde el punto de vista de la transición energética, la prórroga "ralentiza de forma significativa" el despliegue de renovables y almacenamiento. En 2030, la cobertura renovable sería más de cinco puntos porcentuales menor en los escenarios con extensión, y se perderían hasta 3,8 TWh anuales de energía limpia por mayores vertidos (renovable que no puede integrarse en el sistema).
En el plano económico, el estudio dibuja una dinámica de "dos tiempos". La prórroga puede reducir puntualmente los precios entre 2028 y 2030, precisamente mientras la nuclear extendida continúa generando. Pero a partir de 2031, el sistema -según la modelización- empieza a encarecerse de forma sostenida.
En 2033, el precio mayorista sería hasta 5,5 €/MWh más alto en los escenarios de prórroga, un incremento estimado del 12,8%. Traducido a impacto agregado para consumidores, el trabajo calcula un sobrecoste acumulado de hasta 3.831 millones de euros en la factura eléctrica frente al escenario de cierre programado.
El estudio también aprecia un efecto climático que califica de "transitorio": entre 2028 y 2030, mantener Almaraz en funcionamiento podría reducir emisiones en el corto plazo. Pero el balance del periodo 2026-2033 resultaría peor si se prorroga, al retrasarse inversiones y despliegues necesarios para integrar más renovables cuando el cierre finalmente llegue.
En conjunto, los escenarios de extensión acumularían entre 5,8 y 12,3 millones de toneladas adicionales de CO2 equivalente respecto al cierre programado. El coste asociado en derechos de emisión se eleva, según el informe, hasta 984 millones de euros.
Más allá del precio de la luz, el documento pone el foco en la “señal inversora”. La prórroga nuclear debilitaría la inversión en tecnologías limpias, con una pérdida acumulada estimada de hasta 26.130 millones de euros en renovables y almacenamiento entre 2026 y 2033. Para los autores, ese frenazo podría comprometer la posición de España como “destino prioritario” para inversión energética, industrial y tecnológica.
La conclusión general del informe es tajante: "Los resultados muestran que el cierre programado de Almaraz es técnicamente viable, ambientalmente favorable y económicamente más eficiente que su prórroga". Y advierte que analizar la extensión solo por el alivio temporal de precios durante los años de prórroga sería mirar el sistema "por el retrovisor", justo cuando la carretera exige acelerar la transición.
Miguel, si invertir en baterías chinas -que tienen una vida útil de unas cuantas decenas de años y que se desmontan y desmantelan sin riesgos graves una vez terminada su vida útil- te parece un despilfarro, me pregunto qué te parece gastarse la pasta en seguir comprando combustible nuclear a paises que están en la órbita de Rusia para luego quedarnos aquí con el combustible gastado sin saber dónde ponerlo, teniendo en cuenta además que vamos a tener que cuidar de él durante cientos de miles de años en los que próximamente estaremos expuestos a las peligrosas excentricidades negacionistas de tiranos como Trump o Putin.
Y si la dejamos e invertimos en renovables y almacenamiento, bombeo reversible, geotérmica, hundimotriz. En todos los frentes.
