El contraste se produjo en el marco de una cumbre internacional sobre energía nuclear organizada por el presidente francés, Emmanuel Macron, donde Von der Leyen presentó su visión a largo plazo para el sistema energético europeo. Según la presidenta de la Comisión, la combinación de renovables y nuclear puede convertirse en la base de la independencia energética del continente.
"Juntas, pueden convertirse en las garantes de la independencia, la seguridad del suministro y la competitividad, si lo hacemos bien", afirmó.

La dirigente alemana lamentó que solo el 15% de la electricidad europea proceda hoy de centrales nucleares, frente a aproximadamente un tercio en 1990. Para von der Leyen, el progresivo abandono de esta tecnología en varios países europeos supuso un "error estratégico", al renunciar -según dijo- a una fuente de energía "fiable, asequible y baja en emisiones".
La presidenta de la Comisión anunció además una garantía de 200 millones de euros para movilizar inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras, financiada a través del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones, una de las piezas centrales de la política climática de la UE.
El giro nuclear y la paradoja alemana
Las palabras de von der Leyen resultan particularmente llamativas por su trayectoria política. La actual presidenta de la Comisión formó parte del gabinete de la excanciller alemana Angela Merkel cuando Alemania decidió acelerar su salida de la energía nuclear tras el desastre de Accidente nuclear de Fukushima en 2011.
Aquella decisión revirtió el plan previo de prolongar la vida útil de las centrales alemanas y convirtió a Berlín en uno de los principales impulsores del abandono nuclear en Europa. El contraste con el discurso actual de von der Leyen se produce además el mismo día en que el Parlamento Europeo anunció que Merkel será una de las primeras galardonadas con la nueva Orden Europea del Mérito.
Ribera marca distancias
Las declaraciones de la presidenta de la Comisión no tardaron en provocar reacción dentro del propio Ejecutivo comunitario. Desde Estrasburgo, Teresa Ribera respondió que la Comisión no puede dictar a los Estados miembros qué tipo de energía deben utilizar.

"Cada país, de acuerdo con sus circunstancias, preferencias culturales e industriales y capacidades geográficas, puede decidir su ‘mix’ eléctrico", afirmó. La vicepresidenta recordó que el diseño del sistema energético sigue siendo una competencia nacional y advirtió contra cualquier intento de influir desde Bruselas en decisiones soberanas.
"Mientras formé parte del Gobierno de España no podía decirle al Gobierno francés qué hacer o qué no hacer. Y ocurre exactamente lo mismo como miembro de la Comisión Europea", añadió.
Un debate que divide a la UE
El intercambio refleja una de las divisiones más persistentes en la política energética europea. Mientras países como Francia, Finlandia o varios Estados de Europa central defienden el papel de la nuclear como herramienta clave para la descarbonización, otros -entre ellos Alemania o España- han apostado por un modelo centrado casi exclusivamente en renovables.
Ribera matizó, no obstante, que sí existe margen de cooperación europea en ámbitos técnicos. En particular, señaló que varios Estados miembros están interesados en desarrollar estándares comunes para los reactores modulares pequeños (SMR), una tecnología nuclear de nueva generación en la que Bruselas pretende impulsar la cooperación industrial.
En ese terreno, explicó, el papel de la Comisión podría ser proporcionar un marco regulatorio común que garantice la seguridad y la armonización de estándares entre los países que quieran participar.
La actualidad política y las tensiones geopolíticas han vuelto a situar a la nuclear en el centro del debate energético europeo, y dentro de la propia Comisión se vislumbra una tensión clásica en la arquitectura de la Unión. La clave pasa por aclarar hasta dónde debe llegar la estrategia comunitaria y dónde empieza la soberanía energética de los Estados.
