En el artículo anterior expuse cómo el mercado eléctrico marginalista había permanecido en la transición energética a pesar del drástico cambio emprendido. Pensaba seguir hablando de las contradicciones de esta decisión, antes de plantear las cualidades que estimo debería tener una alternativa.
Porque, la electricidad per se no es un granel de fácil manejo y en la sociedad en la que entramos se va a complicar más. Pues vienen pesadas cargas, como el minado de las criptomonedas, la producción de H2 por electrólisis y la IA. Esta última durante su constante aprendizaje y de manera imprevisible, va a hacer rampas de demanda casi en vertical. Estas van a requerir muy altas potencias de cortocircuito, generación cercana y más inversiones en red.
Todo esto engrosará la factura de la luz, como ya hacen las restricciones técnicas y otros cargos que hacen que, cuando todo va bien el mercado cuente cada vez menos, pero asfixie a la economía cuando vienen mal dadas.
Por otra parte, la electricidad cada vez será más vital, hasta llegar a ser tan apremiante como el aire o el agua, como lo hemos constatado en el apagón.
Pero el tema del mercado marginalista atañe a la UE y sobre esto volveré. Ahora lo concreto es hablar del decreto 7/2025 que fue tumbado en el Congreso. Esto cuando en el contexto mundial nos enfrentamos a:
• La crisis climática con olas de calor, sequías más profundas y frecuentes, aumento de la evotranspiración e inundaciones.
• Desarrollo disruptivo de la IA con todas la implicaciones que ello tiene de exigencias propias de los centros de datos y nuevas necesidades eléctricas que la inherente productividad va a solicitar.
• Crisis entre Oriente y Occidente, con amenazas que hacen cada vez más actual la frase de Vegetius: “si vis pacem para bellum”
• Fenómenos migratorios desbocados.
Sumado a esto la sociedad española tiene como añadido:
• Deuda pública creciente e insuficiente relevo generacional para mantener el gasto en pensiones, crisis habitacional, etc.
Se atribuye a Bismark (a la derecha) la siguiente frase: “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirla y no lo han conseguido”.
Tenía razón el prusiano, porque a pesar de todo este panorama, tenemos la oportunidad de construir un sistema energético basado en electricidad producida de forma limpia, autóctona, barata y confiable. Esta es la bala de plata que tiene nuestro país para enfrentar la graves crisis y los cambios que se avecinan.
Porque la electricidad será la energía del siglo XXI y el citado RDL contiene los elementos necesarios para allanar el camino hacia esa realidad. Pero para eso es necesario mantener el flujo inversor, cuyo frenazo causaría graves daños difíciles de subsanar.
Escuché toda la tarde del 22 de julio las distintas intervenciones de los grupos políticos antes de la votación en el Congreso. La señora Aagensen estuvo bien explicando de manera sentida, pero a la vez estructurada y racional, el contenido del decreto.
Los grupos que lo apoyaban se veía que venían bien asesorados por entidades conocedoras del tema.
De lo que el diputado de Vox quiso decir no me enteré, quizás porque tampoco él lo hizo de lo que iba la cosa. No entiendo que un partido que presume de españolidad no defienda las energías autóctonas y competitivas.
Me sentí apenado cuando la diputada del PSOE empezó atacando al PP y a su líder de cuyos votos dependía la aprobación del decreto, pues parte de sus aliados parlamentarios ya se habían manifestado en contra; después apeló al sentido de responsabilidad de este partido para que votase a favor. Lamentable.
El diputado del PP salió por peteneras, conocedor de que no tenía argumentos concretos y de peso, fundados en el interés nacional, para votar en contra.
Cuando hace unos días leí el borrador del Decreto 7/2025 me quedé gratamente sorprendido y comprendí que no era una improvisación, sino que recogía una serie de carencias largamente demandas por los diferentes agentes del sector. Pretensiones que el apagón había energizado hasta su posible culminación en la legislación. Esto que hubiese sido la antesala de su realización ha sido frustrado por una clase política incapaz de gobernar mediante el acuerdo y la conciliación.
¿Se dan cuenta del mensaje que se transmite a inversores en renovables, almacenamiento y de todo lo que la red necesita para el desarrollo industrial del país? Y no solo a empresas energéticas sino a las de todo tipo, tanto nacionales como extranjeras, que estaban dispuestas a seguir apostando por nuestro país.
¡¡Energícense, señores diputados, y solucionen el desaguisado!! Porque España es muy resiliente, pero por este camino hasta la visión de Bismark se frustaría. Pues se daría cuenta de que su mentalidad germana le opacaba concebir el país como lo hizo Goya cuando pintó el cuadro “Duelo a garrotazos”.
Después de las últimas elecciones escribí un artículo en esta revista en el que invitaba a pactar la legislatura a los dos partidos de gobierno.
Alguna vez llegará.
