El análisis de la AEE pone cifras a una realidad energética que, más allá de unos objetivos eólicos cada vez más lejanos -la propia AEE señala que para cumplirlos habría que instalar 5 gigas al año-, impacta directamente en el bolsillo de los consumidores. La clave está en la no instalación de unos 1.000 megavatios (MW) anuales (equivalentes a 200 aerogeneradores de 5 MW) durante el periodo 2021-2025.
Un coste que se multiplica con el precio del gas
El estudio subraya que el impacto económico de este retraso depende en gran medida del precio del gas. Con un coste moderado de 25 €/MWh, no cumplir los objetivos eólicos implica una pérdida de 311 millones de euros anuales por cada giga no instalado. Sin embargo, en el contexto actual de tensiones internacionales y precios del gas por encima de los 50 euros/MWh, ese coste se eleva hasta los 584 millones de euros por cada bloque de 1.000 MW.
En términos agregados, los 5 GW pendientes suponen pérdidas de 1.555 millones de euros al año en un escenario de gas barato, cifra que prácticamente se duplica -hasta los 2.920 millones- si los precios energéticos se mantienen altos.

Dependencia y pérdida de competitividad
Más allá de las cifras anuales, el análisis de Willstedt advierte de un problema estructural. En un escenario de precios elevados del gas, el sistema eléctrico español estaría desperdiciando más de 584 millones de euros cada año por no disponer de esos 200 aerogeneradores. A lo largo de la vida útil de estas instalaciones, estimada en 25 años, el sobrecoste acumulado alcanzaría los 14.610 millones de euros.
Esta situación -señalan desde la asociación- afecta directamente a la soberanía energética del país, al aumentar la dependencia de combustibles fósiles importados y reducir la capacidad de generar energía autóctona y renovable.
Inversión rentable y rápida amortización
Desde la AEE también ponen el foco en la rentabilidad de la inversión en energía eólica. Señalan que la instalación de estos parques requeriría una inversión inicial de unos 1.200 millones de euros, una cifra que podría recuperarse en apenas dos años en un contexto de precios altos del gas, o en cuatro años si estos se mantienen bajos.
A estos beneficios se suman los ingresos fiscales para las administraciones locales y el impulso al empleo y al tejido industrial, algo especialmente relevante en un país con una sólida cadena de valor en el sector eólico.
Triple penalización para la economía española
El retraso en la implantación de energía eólica implica, además, una "triple penalización" para España, señala la Asociación. Por un lado, aumenta la necesidad de importar gas, lo que supone una salida directa de divisas y, por otro, incrementa el gasto en derechos de emisión de CO2 que deben pagarse a la Unión Europea. Y, finalmente, limita el desarrollo de la industria eólica nacional y la creación de empleo.
Energía más cara para los hogares y la industria
Además, el impacto también se traslada al mercado eléctrico, ya que los 3 teravatios hora (TWh) de energía que no se generan con viento dejan de ejercer presión a la baja sobre el precio del mercado mayorista, lo que encarece la electricidad para consumidores domésticos e industriales.

En resumen, la AEE advierte de que la falta de desarrollo eólico no solo compromete los objetivos climáticos de España, sino que también se traduce en una factura más elevada para toda la sociedad. Un coste silencioso que, según los expertos eólicos, podría evitarse con una mayor aceleración en la instalación de energías renovables
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