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El gas ruso sigue muy presente en el mix energético español pese a las sanciones contra Moscú

El gas procedente de Rusia ha ganado peso en España en los últimos años, sobre todo desde el inicio de la invasión de Ucrania, sorprendentemente. Según el informe '¿De dónde viene el gas fósil del Estado español?', elaborado por la red Gas No Es Solución -de la que forma parte Ecologistas en Acción- el país eslavo sigue siendo uno de los principales proveedores de gas de España, pese a las sanciones europeas contra el Kremlin tras la invasión de Ucrania en 2022. De hecho, en 2024, la Federación Rusa fue el segundo mayor proveedor de gas fósil de nuestro país, con un 21,3% de las importaciones, aunque en 2025 su peso descendió al 11,5%, superado por Estados Unidos, que alcanzó el 30%.
El gas ruso sigue muy presente en el mix energético español pese a las sanciones contra Moscú

Sirva como foto fija estas cifras aportadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos, Cores, entidad dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Según sus datos, España ha importado 371.727 gigavatios hora de gas natural (metano) en los doce meses de 2025. Los tres principales proveedores de las empresas energéticas que queman gas en nuestro país (lo queman para generar electricidad o para producir calor) han sido Argelia (128.502 gigavatios hora), Estados Unidos (111.696 GWh) y Rusia (42.629).

Tras ellas, solo Nigeria supera los diez mil gigavatios hora (27.157). Además de estas cuatro naciones, las compañías energéticas que operan con gas en España (Iberdrola, Endesa, Naturgy, EDP, Moeve, Repsol, etcétera) adquieren ese gas a otros doce países. Es decir, que el suministro de gas está diversificado, según el Gobierno.

No obstante, la dependencia española del gas ruso es relativamente reciente. España comenzó a importar este combustible en 2018, a diferencia de otros países europeos que llevaban décadas dependiendo de Rusia. Sin embargo, el volumen creció con rapidez a partir de 2022, coincidiendo con cambios en el suministro desde Argelia tras tensiones diplomáticas vinculadas a la postura española sobre el Sáhara Occidental.

La invasión rusa de Ucrania comenzó el 24 de febrero de 2022. En concreto, el informe detalla que España fue el primer importador de gas fósil ruso de la UE en 2023 y el segundo en 2021, 2022 y 2024, aunque en 202, cayó a un tercer puesto. Esta dependencia energética es relativamente nueva, ya que España solo compra gas fósil a Rusia desde 2018. 

El gas natural -especialmente en forma de gas natural licuado (GNL)- sigue siendo un pilar fundamental de la economía rusa. Las exportaciones energéticas, junto con el petróleo y el carbón, constituyen el núcleo del comercio exterior del país.
A pesar de las sanciones europeas, el gas ha quedado en gran medida fuera de las restricciones más duras. Europa continúa comprando una parte significativa de las exportaciones rusas: cerca del 49 % del GNL ruso y alrededor del 34 % del gas transportado por gasoducto seguían llegando a la UE en 2025, aunque las importaciones europeas habían disminuido un 31 % respecto al año anterior.

La Unión Europea ha empezado a endurecer las medidas. El decimocuarto paquete de sanciones incluyó la prohibición del transbordo de GNL ruso en puertos europeos. Además, las instituciones europeas alcanzaron en 2025 un acuerdo para eliminar gradualmente las importaciones de gas fósil ruso antes del 31 de diciembre de 2026.

El Ártico, centro de la estrategia energética rusa
Gran parte del gas ruso procede del Ártico, una región cada vez más estratégica tanto desde el punto de vista económico como geopolítico. Según el informe, más del 90 % de la producción ártica de petróleo y gas en 2023 correspondía a Rusia, y esta región aportó aproximadamente el 80 % del gas fósil del país.

La explotación de recursos en esta zona plantea fuertes riesgos ambientales. El calentamiento acelerado del Ártico —que avanza hasta cuatro veces más rápido que la media global— está alterando ecosistemas y hábitats de especies como osos polares, narvales o morsas. Además, la expansión de infraestructuras petroleras y gasísticas aumenta el riesgo de derrames en un entorno donde la respuesta a emergencias puede tardar semanas.

Yamal LNG y el papel de las empresas internacionales
Uno de los proyectos emblemáticos de esta expansión energética es Yamal LNG, una planta de gas natural licuado situada en la península de Yamal. Operada por la empresa rusa Novatek en consorcio con socios internacionales -entre ellos la francesa TotalEnergies y la china CNPC-, comenzó a exportar gas en 2017 y envía entre el 75 % y el 80 % de su producción a Europa.

El proyecto también está vinculado a oligarcas cercanos al Kremlin y genera importantes ingresos fiscales para el Estado ruso: entre 2022 y 2024 pagó alrededor de 9.500 millones de dólares en impuestos sobre beneficios.

España participa indirectamente en esta cadena de suministro. Según los autores del informe, la compañía energética Naturgy mantiene un contrato a largo plazo con Yamal LNG hasta 2038, lo que convierte al grupo en uno de los principales compradores españoles de GNL ruso y en un actor clave en la continuidad de este comercio energético.

Giro hacia Asia
Ante la pérdida progresiva de clientes europeos, Rusia busca redirigir sus exportaciones hacia Asia. Un elemento central de esta estrategia es el proyecto de gasoducto Power of Siberia-2, destinado a transportar hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas al año hacia China durante tres décadas.

Este cambio refleja una reconfiguración del mercado energético global en la que Rusia intenta compensar las restricciones occidentales con nuevos socios comerciales.

Impacto social y resistencia local
La expansión de la industria gasística en el Ártico también ha generado tensiones con comunidades indígenas. En la península de Yamal, grupos como La Voz de la Tundra (Golos tundry) denuncian que los grandes proyectos energéticos han degradado la tundra y reducido los pastos para los rebaños de renos, base económica y cultural del pueblo nenets.

Estas protestas se desarrollan en un contexto de fuerte represión contra organizaciones medioambientales en Rusia. Muchas han sido declaradas “agentes extranjeros” o “indeseables”, obligando a algunas a continuar su actividad desde el exilio.

Un debate abierto sobre la transición energética
El informe concluye que la persistente dependencia del gas fósil —tanto en Europa como en Rusia— plantea interrogantes sobre la velocidad de la transición energética. Mientras Moscú mantiene objetivos climáticos considerados poco ambiciosos, los países europeos siguen dependiendo en parte de estas importaciones, lo que evidencia la compleja relación entre seguridad energética, política internacional y lucha contra el cambio climático.

En ese delicado equilibrio, el gas ruso se ha convertido en un símbolo de las contradicciones energéticas de Europa: una fuente de suministro aún relevante, pero cada vez más cuestionada en términos políticos, climáticos y sociales.

De hecho, El pasado mes de marzo, el comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, admitía que las compras de gas ruso de la Unión Europea desde 2022 equivalen al precio de 2.400 nuevos cazas F-35 para el Kremlin.

 

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