España ha vivido una revolución silenciosa sobre los tejados. El autoconsumo fotovoltaico ha pasado de ser una opción marginal a convertirse en uno de los motores del cambio energético. Y los datos lo confirman: desde 2018, la capacidad instalada ha crecido de forma exponencial y, según las estimaciones de la CNMC, a junio de 2025 España sumaba 5,4 GW y cerca de 700.000 instalaciones. El gráfico que recogemos bajo estas líneas refleja esa escalada meteórica año a año, especialmente desde 2021, una escalada que, no obstante, ha perdido fuelle (la Asociación de Empresas de Energías Renovables, APPA, maneja otros datos. Según APPA Renovables, en España, a mediados de este año 2025, había ya aproximadamente 9.200 megavatios de potencia en autoconsumos).
Sea como fuere, lo cierto es que el despliegue del autoconsumo en España no está exento de obstáculos. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha analizado el impacto de las ayudas públicas al autoconsumo y advierte que el sistema de incentivos existe, pero es complejo, fragmentado y poco eficiente. Por ello, recomienda una reforma profunda en el diseño y la tramitación de las ayudas.

Crecimiento y competencia
El autoconsumo ha cambiado el tablero del sector eléctrico. Los autoconsumidores -tanto hogares como empresas- están mucho más activos en el mercado libre, contratan con comercializadoras más pequeñas y muestran mayores tasas de cambio de proveedor. En otras palabras: más autoconsumo significa más competencia energética.
El análisis de la CNMC también revela desigualdades geográficas, ya que las instalaciones se concentran sobre todo en zonas de mayor irradiación solar, municipios con rentas más altas y áreas con abundancia de viviendas unifamiliares.
Un enrevesado entramado de ayudas
La CNMC ha identificado una gran diversidad de incentivos procedentes de todos los niveles de la administración: desde subvenciones directas del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (más de 2.000 millones de euros); pasando por bonificaciones locales en el IBI, ICIO o IAE, y deducciones fiscales en el IRPF y en el Impuesto de Sociedades en ciertos territorios forales.
Esta variedad, que puede parecer positiva en un principio, ha generado -según la CNMC- una jungla burocrática que dificulta el acceso, especialmente a pymes y hogares con menos recursos, por lo que la falta de coordinación entre administraciones puede incluso distorsionar la competencia.
Las propuestas clave de la CNMC
Para revertir esta situación y devolver al autoconsumo todo su vigor, el organismo plantea una serie de medidas para mejorar la eficacia de las ayudas y asegurar que lleguen a quienes más las necesitan. Estas son algunas de ellas:
• Marco común nacional con coordinación entre administraciones para evitar solapamientos y trámites duplicados.
• Ventanilla única digital que permita solicitar todas las ayudas en un solo procedimiento.
• Ayudas unitarias y ligadas a objetivos concretos, evitando modelos basados en costes variables o criterios poco relacionados (como el valor catastral).
• Prioridad para el almacenamiento y otras tecnologías complementarias que mejoren la eficiencia del sistema.
• Simplificación de los procedimientos y concesión de oficio en algunos casos.
• Anticipos y financiación público-privada para hogares y pymes con dificultades de inversión.
El momento del autoconsumo es ahora
El autoconsumo ya no es una promesa, sino una realidad que crece y transforma el mercado eléctrico. Pero la CNMC lanza una advertencia: si no se simplifica el acceso a las ayudas y no se orientan de forma más estratégica, el impulso podría frenarse, como de hecho ha sucedido.
En resumen, la transición energética no depende solo del sol, tan abundante en España, sino de que la administración acompañe con reglas claras, trámites ágiles y una visión común. La energía del futuro también ha de gestionarse de la forma más eficiente. Y ahí es donde España debe pasar el examen.
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