javier garcía breva

La nuclear francesa contra las renovables españolas

La comparación entre las directivas europeas del “paquete de invierno” de 2018 y las del “paquete Fit for 55” de 2023 ofrece un resultado paradójico. El paquete de invierno sitúa en el centro del sistema energético al consumidor y cliente activo, que se define como el consumidor con derecho a generar, almacenar, agregar, compartir, vender y consumir su propia energía renovable. Por el contrario, las directivas Fit for 55 se centran en la neutralidad tecnológica con el argumento de que solo con renovables no se alcanzarán los objetivos climáticos, por lo que se deberá contar con tecnologías más fiables. Todas las tecnologías deberán tenerse en cuenta para la transición energética sin discriminación alguna, aunque contaminen o emitan CO2, si ayudan a otras actividades a reducir emisiones.
La nuclear francesa contra las renovables españolas

La directiva de renovables de 2018 se articula alrededor del consumidor activo, el autoconsumo y comunidades de energías renovables. La directiva de 2023 lo hace sobre conceptos equívocos, como la energía no fósil, hipocarbónica o combustibles renovables, para integrar en el mix de la transición el gas fósil, el hidrógeno y la energía nuclear, que en determinadas condiciones podrán contabilizarse en la cuota de renovables. La directiva de eficiencia energética de 2023 establece la excepción al gas en los sistemas de calefacción y refrigeración, que deberán reducir el uso de combustibles fósiles a excepción del gas natural.
 
La paradoja del Pacto Verde Europeo
Las directivas Fit for 55 mejoran las del paquete de invierno en el objetivo de acelerar las renovables, con la diferencia de que mientras en 2018 se diseña una transición energética orientada a la demanda, al consumidor activo, los instrumentos de eficiencia energética y su participación en los mercados, en 2023 se cambia por una transición centrada en la oferta de grandes infraestructuras de renovables, hidrógeno, gas y nuclear con la nueva taxonomía aprobada en 2020 que otorga la etiqueta verde al gas y la nuclear, consideradas energías sin efectos sobre el clima, atendiendo a los intereses nacionales de Alemania y Francia. 
 
La paradoja es que se quiere acelerar las renovables prolongando el uso de los combustibles fósiles y la energía nuclear. En cinco años se ha pasado de una transición energética que priorizaba la protección de los consumidores, las renovables y la eficiencia energética a una estrategia para crear demanda, hoy inexistente, de tecnologías convencionales, caras y llenas de grietas, sin estudios de costes y beneficios, con un diseño de mercado para un mix sin renovables que la Comisión Europea se ha negado a modificar. Si en 2022 ese diseño falló ante la crisis de altos precios de la electricidad por el gas ruso, no es difícil aventurar una próxima crisis de precios elevados de la luz por el gas importado de EEUU, mucho más caro. 
 
La Unión Europea ha protagonizado el mejor ejemplo de retardismo climático desde que en 2019, cuando se presentó el Pacto Verde Europeo, la presidenta de la Comisión, Úrsula von der leyen, reconociese la sostenibilidad ambiental del gas y la nuclear y pusiera en duda la viabilidad de las renovables. El reglamento de la taxonomía de 2020 y las directivas de 2023 citan al gas y la nuclear como tecnologías importantes para la transición energética, algo impensable en 2018, y desde las elecciones europeas de 2024 el Partido Popular Europeo, al que pertenece Von der Leyen, ha puesto freno y marcha atrás a las políticas ambientales. 
 
Las barreras de Europa a las energías renovables
El Banco Central Europeo ha señalado las barreras que impiden a Europa avanzar en la transición energética: la no internalización de los costes ambientales de la energía fósil, la falta de un mercado de capital riesgo, los costes de la tramitación administrativa y la falta de formación. Cabría añadir otra barrera más importante que retrasa el desarrollo de las renovables como es un mercado fracturado. Alemania y Francia han impulsado la fragmentación económica y energética de los Estados miembros, lo que ha impedido un mercado europeo de capitales y la unión energética. El veto francés a las interconexiones eléctricas de Portugal y España con el resto de Europa es un ejemplo de cómo el interés nacional se antepone al interés europeo ante la inoperancia de la Comisión Europea.
 
La última diatriba del presidente francés, Enmanuel Macron, contra el modelo español de renovables por el apagón de abril de 2025 es un ejemplo de la fragmentación europea. Macron tiene terror a la competitividad de las renovables españolas porque reducen el precio mayorista de la energía hasta ser el más barato de Europa, frente a la nuclear francesa que necesita precios elevados de la electricidad para competir; por eso bloquea las interconexiones, para que la unión energética comience en los Pirineos. La situación la resume en declaraciones a EFE el director de la Agencia Internacional de Energías Renovables, Francesco La Camera: “Todo el mundo siente un poco de envidia de España por su electricidad mayorista barata”.
 
¿Se puede sobrevivir al retardismo climático de Von der Leyen?
El retardismo climático no es lo que el mundo esperaba de Europa ante el cambio geopolítico global. La pregunta que hay que hacerse es si la Unión Europea sobrevivirá a Von der Leyen. La respuesta es un sí rotundo porque la alternativa energética al ecopostureo de Bruselas está diseñada en las directivas del paquete de invierno, en la parte de las directivas Fit for 55 que las mejoran y en el desarrollo de las recomendaciones sobre el principio de “primero, la eficiencia energética”, que representan la alternativa para cambiar la forma de producir y consumir energía anteponiendo la demanda (consumidores) a la oferta (generadores) en la regulación, la planificación y los mercados energéticos.
 
“La mejor energía es la que no se produce porque no se necesita” es el principal mensaje de las Recomendaciones (UE) 2021/1749 y 2024/2143 sobre la aplicación del principio de “primero, la eficiencia energética”, como recogió Energías Renovables en noviembre de 2021 en el artículo ¡Que tiemblen las eléctricas! Es un compendio de medidas que conforman la alternativa de un modelo energético orientado a la demanda y a la participación de los consumidores en los mercados energéticos, en contraposición al modelo de oferta de generación que retrasará la descarbonización y alargará el uso de los combustibles fósiles hasta más allá de 2050. 
 
Las recomendaciones europeas sobre el principio de “primero, la eficiencia energética” serán útiles para quienes aún duden de la posibilidad de alternativas viables al gas fósil y la nuclear en los distintos sectores de actividad para descarbonizar la economía y mejorar la competitividad de Europa. Se trata de la alternativa más accesible y asequible al retardismo climático normalizado desde 2020 en las instituciones europeas.

La Unión Europea ha de ser coherente con la declaración de emergencia climática y los compromisos climáticos internacionales, porque lo que se propone en el Pacto Verde Europeo es incompatible con la protección de los consumidores y del medioambiente, así como con la seguridad y autonomía estratégica de Europa.

Baterías con premio en la gran feria europea del almacenamiento de energía
El jurado de la feria ees (la gran feria europea de las baterías y los sistemas acumuladores de energía) ya ha seleccionado los productos y soluciones innovadoras que aspiran, como finalistas, al gran premio ees 2021. Independientemente de cuál o cuáles sean las candidaturas ganadoras, la sola inclusión en este exquisito grupo VIP constituye todo un éxito para las empresas. A continuación, los diez finalistas 2021 de los ees Award (ees es una de las cuatro ferias que integran el gran evento anual europeo del sector de la energía, The smarter E).