¿Es posible una Europa dirigida por euroescépticos?
En la conferencia de embajadores del 9 de marzo de 2026 en Bruselas, Von der Leyen, para apoyar la guerra ilegal de EEUU e Israel contra Irán, expresó su desconfianza en un orden internacional con normas: “Podemos aferrarnos a lo que nos hacía fuertes y defender hábitos y certezas que la historia ya ha superado o podemos elegir un destino diferente para Europa”. Según Von der Leyen, el proyecto europeo ha sido superado por la historia y si un aliado nos desprecia como lo hace EEUU, debemos complacerle y unirnos a él en aras del pragmatismo.
Von der Leyen matizó su discurso en el Europarlamento al ser desautorizada por el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, gobiernos y eurodiputados; pero el daño estaba hecho y la desconfianza que ha esparcido sobre los valores europeos se vuelve contra ella y las decisiones que adopte la Comisión Europea en un momento que exige la defensa del proyecto europeo y un liderazgo del que ella carece.
El repliegue medioambiental de la Unión Europea ha sido liderado por el Partido Popular Europeo (PPE), al que pertenece Von der Leyen, para salvar a la industria alemana. La propuesta del presupuesto de la Unión Europea para el periodo 2028-2034, presentada por Von der leyen, propone renacionalizar los fondos europeos y que sean los gobiernos nacionales los que determinen su planificación y ejecución. El interés europeo se supedita al interés nacional para rebajar las exigencias medioambientales.
Detrás de las decisiones de la presidenta de la Comisión está el canciller alemán, Friedrich Merz, y la crisis de la economía alemana. Y en el horizonte, el retorno a las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y la austeridad que en la pasada década castigó a la Europa del sur, aceleró la desigualdad y el avance de la extrema derecha a la que el PPE ha decidido aproximarse, a pesar de que su objetivo es desmontar el proyecto europeo desde dentro. Entonces la cohesión social dejó de ser una prioridad, como ahora la lucha contra el cambio climático, dos de los valores fundacionales de la Unión Europea.
Los consumidores están hoy más desprotegidos ante los precios altos de la energía
El académico de la London School of Economics, Paul de Grauwe, ha declarado a La Vanguardia que “EEUU es ahora el enemigo número uno de Europa”. La directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, ha aconsejado a los responsables políticos de todo el mundo que ante la nueva gran crisis económica mundial “piensen en lo impensable y prepárense para ello”. Lo impensable es una guerra mundial del petróleo y el gas y unos precios disparados para hogares e industrias inermes. EEUU quiere el control de todos los recursos energéticos del planeta. Israel quiere el control militar de Oriente Medio y anexionarse territorios. ¿Qué quiere la Unión Europea?
Después de la crisis de precios elevados de la electricidad por la invasión rusa de Ucrania en 2022, Europa reconoció el error alemán de la dependencia del gas ruso y priorizó el concepto de autonomía estratégica. Pero Von der Leyen renunció a modificar la metodología de conformación de precios del mercado eléctrico, por la que el precio de la energía más cara, que es el gas, determina el precio de la electricidad y dio al gas fósil y la nuclear la etiqueta verde en las directivas “Fit for 55” de 2023. Dejó las renovables para acceder a la energía barata, pero el mercado imponía la energía más cara a los consumidores.
Si Von der Leyen pretendía con las directivas de 2023 proteger a los consumidores de los combustibles fósiles ante futuras crisis de precios de la electricidad, en 2026 se comprueba que los consumidores están más desprotegidos porque Bruselas ha mantenido un mercado dominado por los combustibles fósiles y consumidores pasivos que asumen el precio más caro. Por el contrario, las directivas del “paquete de invierno” de 2018 apostaban por los consumidores activos y la autosuficiencia energética. El acuerdo al que llegó Von der Leyen con Trump en 2025, por el que Europa se comprometió a comprar a EEUU el gas que dejaría de importar de Rusia, transformó el principio de autonomía europea en la sumisión estratégica a EEUU, que para mayor escarnio ha levantado las sanciones al petróleo ruso.
Von der Leyen defiende la energía nuclear arrogándose competencias de los gobiernos
La defensa de un mundo sin reglas provocó tal rechazo que, el 11 de marzo, en el 15º aniversario del desastre nuclear de Fukushima, Von der Leyen quiso enmendarse con otra ocurrencia al anunciar en París que la alternativa para defendernos de los riesgos de los combustibles fósiles es el retorno a la energía nuclear porque es una “fuente fiable, asequible y de bajas emisiones” y defendió la “innovación nuclear” de los pequeños reactores modulares (SMR); un eufemismo para no decir nada de sus incalculables costes.
Von der Leyen ha roto por su cuenta un consenso histórico de la Unión Europea. Bruselas nunca se ha pronunciado sobre la energía nuclear porque es una competencia exclusiva de cada Estado miembro y solo lo ha hecho sobre seguridad nuclear. Las directivas europeas promueven las renovables como la mejor protección de los consumidores frente a los combustibles fósiles. Se trata de una vuelta de tuerca más al retardismo climático; pero esta vez Francia y Alemania van de la mano.
Defender la nuclear sin hablar de análisis de demanda, plazos, costes, seguridad y gestión de residuos nucleares es una frivolidad. En ninguno de estos aspectos la energía nuclear, incluidos los SMR, asegura beneficio alguno a la autonomía estratégica de Europa y mucho menos una energía fiable y asequible para industrias y hogares. Solo servirá para aumentar la dependencia energética, añadir costes al sistema que se trasladarán a los consumidores y para cuestionar la transición energética y las renovables.
Las directivas de 2018 y 2023 insisten en que las renovables son la fuente de energía más limpia, accesible y asequible para electrificar y descarbonizar la economía y la energía solar en edificios y viviendas la que mejor protege a los consumidores de los combustibles fósiles. Para enfrentarse a una crisis de precios altos de la energía el gas no sirve porque es el factor desencadenante y la nuclear tampoco porque necesita un precio alto de la electricidad que le garantiza el gas, porque las renovables bajan los precios.
Como nadie habla de los residuos nucleares, es necesario que Von der Leyen lo explique, igual que el coste de los SMR, su emplazamiento y la contaminación radiactiva, porque será la sociedad en su conjunto quien lo pague. Se avecina una catástrofe económica y humanitaria y Von der Leyen anticipa como primeras medidas mantener el gas como referencia en el precio de la electricidad y volver a la energía nuclear, siguiendo el guion de la patronal eléctrica europea y del canciller Merz, incapaces de defender una alternativa europeísta.
Es el momento de acelerar las energías renovables
Ante la volatilidad del petróleo y el gas es el momento de acelerar el desarrollo de las energías renovables. Lo ha dicho el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. La Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) ha insistido en que hay que apostar por soluciones propias, renovables, almacenamiento y electrificación y olvidar las fuentes fósiles. Hasta la multinacional Microsoft, ante la guerra contra Irán, ha destacado la necesidad de renovables como protección de la volatilidad de los combustibles fósiles.
Si es grave romper los consensos en las instituciones europeas, más grave es la forma en la que se hace, con un personalismo que raya el autoritarismo, contradiciendo el acervo comunitario y poniendo en riesgo la existencia de la Unión Europea. El gas y la nuclear nunca se han considerado energías renovables, porque no lo son. El error estratégico no es abandonar la nuclear sino defender un mundo sin reglas para que los más ricos hagan negocios.
